jueves, 29 de agosto de 2013

Cuando Stalin "creó" Israel (II)


Antes de nada, hay que tener en cuenta que existe una primera parte.


En septiembre de 1951, Rudolf Slánský fue destituido de su puesto de secretario general del Partido Comunista de Checoslovaquia. En noviembre fue detenido junto a otros trece líderes. Once de ellos, incluido Slánský, eran judíos. Fueron interrogados y torturados durante todo un año. En noviembre de 1952 se celebró un juicio farsa estalinista, y once de los acusados fueron condenados a la horca. Slánský fue declarado culpable de formar parte de una conspiración cuyos apelativos reunían todas las obsesiones del momento: trotskista, titoísta, sionista y estar al servivio del imperialismo estadounidense. Fue ejecutado en Praga el 3 de diciembre.



Los cuerpos de los once ejecutados fueron incinerados y sus cenizas empleadas para rellenar las grietas de un camino.

Mientras tanto, en la URSS había ocurrido otro episodio similar e igual de sangriento, aunque no fue público. En mayo de 1952 comenzó un juicio farsa contra quince antiguos miembros del Comité Judío Antifascista. Por supuesto, todos eran judíos. Llevaban detenidos tres años, durante los cuales habían padecido palizas y torturas. Trece de ellos fueron ejecutados en agosto, en la Lubianka, en lo que se conoce como la Noche de los Poetas Asesinados. Uno de los dos que se libraron de la ejecución, Solomon Bregman, murió en prisión en enero del año siguiente. La única superviviente, pues, fue la prestigiosa bioquímica Lina Solomonovna Shtern, a la que Abakumov llamaba vieja puta cuando la interrogaba.


Lina Shtern


Sus familiares no tuvieron noticias de ellos hasta noviembre de 1955, cuando se reabrió el caso.
De los ejecutados, quizá los más destacados fuesen los poetas Peretz Davidovich Markish e Itzik Feffer (este último, además de poeta, también era un informante del MGB):




Peretz Markish


Itzik Feffer


Otras personas relacionadas con el Comité habían sido asesinadas antes. Ya hemos hablado de los casos de Solomon Mijoels y Der Nister. En 1950 también cayeron el crítico literario Yitzhak Nusinov y los periodistas Shmuel Persov y Miriam Zheleznova.


Pero en la historia del antisemitismo estalinista todavía faltaba un capítulo. 

En 1951, Viktor Semionovich Abakumov, un tipo que por lo visto torturaba a los prisioneros con sus propias manos, fue destituido al frente del MGB. Se le acusó de mostrarse poco firme ante los judíos. Fue torturado y terminó ejecutado en 1954.


Abakumov había sido denunciado ante Stalin por un subordinado muy trepa y muy cruel, Mijail Dimitrievich Riumin. Según Riumin, un médico judío llamado Yakov Gilyarievich Etinger había sido responsable de la muerte de Aleksandr Sergueyevich Shcherbakov, propagandista soviético durante la Segunda Guerra Mundial (muerto en 1945) y de la de Andrei Aleksandrovich Zhdanov, presidente de la URSS y purificador de la cultura soviética (muerto en 1948). En realidad, tanto Shcherbakov como Zhdanov habían muerto de sendos ataques al corazón precisamente por desobedecer las recomendaciones de sus médicos, pero la teoría de Riumin era que Etinger formaba parte de un complot de galenos al servicio de intereses extranjeros que se proponían asesinar a los dirigentes soviéticos. Etinger había muerto durante los interrogatorios, en 1951. Abakumov no había informado de la trama supuestamente porque él mismo estaba implicado en ella, y había asesinado a Etinger con el fin de que no se desvelara su participación.

Había dado comienzo lo que se conocería como el Complot de los Médicos.
 
Las teorías de Riumin le gustaron mucho a Stalin porque vinculaban dos de sus grandes preocupaciones: el nacionalismo judío (una preocupación reciente) y las conspiraciones medicas (una preocupación de siempre). Por supuesto todas esas teorías eran falsas (empezando por el hecho de que Etinger en realidad había sido asesinado por el propio Riumin), pero eso era lo de menos.


Riumin, conocido como "el pequeño Misha" a causa de su corta estatura. Tras la muerte de Stalin, Riumin sería destituído, arrestado y ejecutado -para variar-





Abakumov fue reemplazado por Ignatiev, y Riumin llevó a cabo una purga antijudía en el MGB y continuó con el tema de los médicos. En el otoño de 1952 se había detenido a varios facultativos que habían tratado a dignatarios soviéticos, incluyendo el médico personal de Stalin, Vladimir Vinogradov, que no era judío pero que se había atrevido a aconsejarle que se retirara. El Vozhd ordenó que a su médico le pusieran grilletes.

Como las pruebas del supuesto complot no aparecían a pesar de que se estaba torturando a los médicos detenidos, Stalin se enfureció con Riumin y le espetó a Ignatiev:

-¡Pegadlos! ¿Qué es lo que sois? ¿Pretendéis ser más humanitarios que Lenin, que ordenó a Dzerzhinsky [fundador de la Cheka] que tirara a Savinkov por la ventana? ... Vosotros no tenéis comparación con Dzerzhinsky, pero no le hacía ascos al trabajo sucio. Vosotros parece que trabajáis como camareros de guante blanco. ¡Si queréis ser agentes de la Cheka, quitaos los guantes!

El 13 de noviembre ordenó a Ignatiev, mudo de asombro, que destituyera a Riumin:

-¡Echa al enano!

Y con respecto a los médicos, añadió:

-¡Pegadlos hasta que confiesen! ¡Pegadlos, pegadlos, pegadlos a más y mejor! Cargadlos de cadenas. ¡Hacedlos papilla!.

Ignatiev por entonces sufrió un ataque cardíaco y tuvo que guardar reposo.


Ignatiev


El 13 de enero de 1953, Stalin desató una oleada de antisemitismo histérico en la Unión Soviética anunciando en Pravda el descubrimiento de un complot de médicos terroristas dirigidos por la CIA y el judaísmo internacional. Se detuvo a cientos de judíos y decenas de ellos fueron ejecutados o enviados al Gulag.






























































































































 
En febrero estalló una bomba en la embajada soviética en Tel Aviv. La URSS rompió relaciones diplomáticas con Israel.

Todo pareció terminar en marzo. El día 1, Stalin fue encontrado en el suelo de su habitación. Se había orinado encima y casi no podía hablar. Murió cuatro días después. Las persecuciones a los judíos se detuvieron. Israel y la Unión Soviética restablecieron sus relaciones diplomáticas.


Stalin había asesinado a cerca de un centenar de judíos en los últimos años de su vida. Comparada con otras masacres realizadas por los soviéticos, ésta había sido pequeña. Existe la posibilidad de que tuviera la intención de llevar a cabo una gran purga antijudía a escala nacional, como afirmó Nikita Sergueyevich Jrushchov en su "Discurso Secreto" del XX Congreso del Partido, en 1956. Según Jrushchov, sólo la muerte de Stalin impidió que esa gran purga se llevara a cabo.

Sin embargo, no todo terminó con la desaparición del Vozhd. La sombra de su antisemitismo planeó  sobre la Europa comunista hasta mucho después. El propio Jrushchov llegó a comentar lo siguiente a unos comunistas polacos:

-Ya conocemos a los judíos; todos tienen alguna conexión con el mundo capitalista porque tienen parientes viviendo en el extranjero. Éste tiene una abuela, el de más allá... Empezó la Guerra Fría; los imperialistas conspiraban para ver el modo de atacar a la URSS; luego los judíos quisieron establecerse en Crimea ... Aquí están Crimea y Bakú ... A través de sus parientes y amigos, los judíos habían creado una red destinada a hacer realidad los planes de los americanos. Por eso [Stalin] acabó con ella.






El Holocausto siguió sin ser reconocido como lo que fue en los países gobernados por los comunistas, y en Polonia ese antisemitismo remanente cobró fuerza quince años después de la muerte de Stalin.

Polonia se había librado de los juicios farsa antisemitas que habían afectado a la URSS y Checoslovaquia en vida de Stalin, aunque no del antisemitismo. Los dirigentes comunistas polacos, no pocos de los cuales eran judíos, consiguieron evitar ese tipo de juicios reescribiendo la historia inmediata de su país, o sea, la de la Segunda Guerra Mundial. Así, oficialmente el levantamiento del Gueto de Varsovia, en 1943, pasó de ser una revuelta judía a ser una revuelta comunista. Toda resistencia al fascismo estaba, por definición, dirigida por comunistas. Si no la dirigían comunistas, no era resistencia. De esa forma, el alzamiento de Varsovia, llevado a cabo por el clandestino Ejército Nacional polaco, en realidad no fue un levantamiento, ya que los miembros del Ejército Nacional no eran comunistas, sino reaccionarios que actuaban contra los intereses de las masas trabajadoras. Los patriotas polacos que murieron intentando liberar su capital eran fascistas, poco mejores que Hitler. Igual que la Guerra Fría, la Segunda Guerra Mundial era una lucha de las fuerzas progresistas (léase comunistas) contra las reaccionarias (léase fascistas), y nada más. Y el asesinato masivo de judíos no era algo a destacar, lo importante era el coraje de los comunistas.

El aparato de seguridad polaco sí fue purgado de algunos de sus altos cargos judíos, pero no hubo sangre. Los comunistas polacos quisieron evitar una repetición de lo sucedido a finales de los años treinta cuando, a imagen de lo que ocurría en la URSS, sus camaradas se denunciaron unos a otros, como era de esperar, lo que condujo a asesinatos en masa y al final del propio partido.

Sin embargo, en 1968 las cosas habían cambiado en Polonia para los judíos. Tras la Guerra de los Seis Días, la hostilidad entre Israel y el bloque comunista se tornó más virulenta: todos los países que lo conformaban -salvo Rumanía- rompieron relaciones con el país hebreo.

Por entonces había vuelto al poder Władisław Gomułka, caído en desgracia durante la época de Stalin. Curiosamente, aunque Gomułka se suponía que había sido un opositor a Stalin, imitó su política hacia los judíos decretando una purga antisemita en Polonia. El capitalismo había conducido al imperialismo. Si años atrás, el fascismo y el nazismo habían sido sólo ejemplos del imperialismo, ahora su líder era Estados Unidos, cuyos instrumentos eran Alemania Occidental (heredera del Tercer Reich, según los comunistas) e Israel.

En 1967 los judíos polacos fueron calificados de "quinta columna" que apoyaba a los enemigos extranjeros de Polonia. Al año siguiente se les culpó de las protestas estudiantiles y los problemas generales del país. De nuevo se les calificaba de sionistas y cosmopolitas, como en tiempos de Stalin. En realidad, los dirigentes comunistas polacos no estaban siendo nada originales: era el viejo truco de responsabilizar del malestar social y político del país a una supuesta conspiración judía.
 

Manifestación antisionista en Polonia orquestada por las autoridades


Hubo casi 3.000 detenciones, y cerca de 20.000 ciudadanos polacos (casi todos judíos) tuvieron que abandonar el país después de perder su trabajo.

Antes de la Segunda Guerra Mundial había en Polonia unos tres millones de judíos. A finales de los años sesenta eran unos 40.000. En 1989, cuando cayó el comunismo, quedaban menos de 10.000.

En 1970 Gomułka tuvo que abandonar de nuevo el poder. 





En diciembre de 1952, Stalin afirmó ante el Politburó que todos los nacionalistas judíos eran agentes de la CIA. Añadió que esos judíos creían que los Estados Unidos habían salvado a su nación, y que se sentían en deuda con ese país, en el que podían transformarse en unos ricos burgueses.

Por entonces, el Vozhd era ya un anciano de casi 74 años, enfermo y completamente paranoico, pero sabía muy bien lo que estaba diciendo. Había sido él quien había ayudado a los judíos a tener su propio Estado, y en cambio ellos, traicionándole, habían decidido ponerse del lado de los yanquis, el enemigo. Los yanquis, que no se habían preocupado de los judíos ni cuando estaban siendo perseguidos por los nazis ni después. Y en eso tenía razón, como también la tenía en la imagen que ofrecían los Estados Unidos de sí mismos. Uno de los motivos por los que los yanquis vencieron en la Guerra Fría fue por ser capaces de hacer lo que otros rivales de la URSS no habían conseguido: ofrecer una visión de su estilo de vida universal y atractiva. A pesar de lo que dijera la propaganda comunista, los yanquis no estaban en el mismo saco que los fascistas o los nazis. Y obviamente, el modo de vida que vendía Estados Unidos era mucho más atractivo que el de cualquier régimen comunista. Esto lo podían ver los judíos y cualquiera.

En todo caso, y a modo de conclusión final, quienes quieran reprocharle a alguien la existencia del Estado de Israel, tienen que hacérselo sin duda a Stalin y la Unión Soviética.




Más información:

-Medvedev, Zhores A. y Medvedev, Roy A.,  "El Stalin desconocido" (Crítica, 2005).

-Sebag Montefiore, Simon, "La corte del zar rojo" (Crítica, 2004).

-Snyder, Timothy, "Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin" (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2011).



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