sábado, 6 de marzo de 2021

Estalinismo cuqui

 



Dicen por ahí que Vox, e incluso el PP, e incluso Ciudadanos, son extrema derecha. 



Dicen que son fascistas e incluso nazis.



Lo que no se comenta tanto es el estalinismo del Partido Comunista de España (PCE), ese partido que forma parte de la coalición Unidas Podemos y que tiene miembros en el Gobierno de España. Y no hablo del estalinismo de antaño, sino del actual. Con ocasión del aniversario de la muerte de Stalin, ayer mismo las juventudes del PCE publicaban esto en Twitter:



Ignoro si Twitter lo considerará un mensaje de odio y estará valorando suspender la cuenta a la Juventud Comunista como ha hecho con Vox o Trump, por ejemplo, pero así está el tema. Y es que claro, de tanto reivindicar al Che, a Fidel Castro o a Lenin, la secuencia lógica es que se termine reivindicando a Stalin, que además de "teórico y dirigente marxista de la Unión Soviética" fue uno de los mayores asesinos del siglo XX.

Por otro lado Putin, que ya en su día defendió el Pacto Ribbentrop-Molotov por el que la Alemania nazi y la URSS se repartieron Polonia y zonas de influencia en Europa, está tratando ahora de prohibir en Rusia las equiparaciones entre Hitler y Stalin. Y es que no todos los asesinos de masas son iguales y por eso hay que crear una historia oficial que los diferencie.

Afortunadamente tenemos pruebas de sobra no solo de los numerosos crímenes que ambos dictadores cometieron, sino también de la buena sintonía que hubo entre ellos durante la temporada 1939-1941.







Una buena sintonía que es precisamente la que Putin quiere ahora hacernos olvidar. Pero no.



44 comentarios:

  1. Desde luego, resulta chocante que las Juventudes Comunistas conmemoren la muerte del principal responsable del asesinato de incontables bolcheviques (y otras muchas personas que no lo eran).
    En cuanto al pacto Molotov-Ribbentrop, cabe preguntarse si Stalin debía permitir en el verano de 1939 que las tropas alemanas llegasen a la frontera de Bielorrusia. Menos de un año antes, las muy democráticas Francia y Gran Bretaña también habían demostrado "buena sintonía" con el III Reich, sirviéndole Checoslovaquia en bandeja de plata. Además, se podría recordar la "no intervención" francobritánica frente al abierto apoyo nazi-fascista a Franco en la guerra civil española (precisamente, la ayuda soviética sostuvo el esfuerzo bélico republicano), o la tibieza de estas mismas "democracias" ante la agresión italiana a Abisinia. ¿En estas circunstancias, con un rearme incompleto y un ejército descabezado por las purgas, debía embarcarse la URSS, por su cuenta y riesgo, en una guerra con Alemania?

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    1. Es curioso que siempre se señale el expansionismo del Eje como el único peligro para la paz en aquellos años, olvidando el soviético, que empezó antes y que fue el que terminó triunfando. En 1920 el Ejército Rojo ya trató de avanzar hacia el oeste y si no lo consiguió fue porque los polacos lo detuvieron en el Vístula. Uno de los líderes bolcheviques en aquella campaña, por cierto, fue precisamente Stalin, que jamás perdonaría aquella afrenta a los polacos, como pudieron atestiguar los miles que fueron asesinados en Katyn y otros lugares de la URSS veinte años después. Tras repartirse Polonia con Stalin, Hitler se lanzó hacia el oeste teniendo que enfrentarse a británicos y franceses. Stalin mientras tanto invadió Finlandia, se anexionó los países bálticos y Besarabia, y ni Francia ni el Reino Unido le pusieron muchos problemas. El caso es que en 1945 el Ejército Rojo estaba en el Elba, se extendía por Europa Oriental y el comunismo hacía lo propio por Asia. El Pacto Ribbentrop-Molotov no fue más que un acuerdo entre dos tiranos para retrasar en lo posible su propio e inevitable enfrentamiento.

      Un saludo.

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  2. La última afirmación es inobjetable, pero bien se podría añadir que Múnich no fue más que un acuerdo entre imperialistas para retrasar en lo posible su propio en inevitable enfrentamiento. Asimismo que, en 1945, el Ejército de los EE UU también estaba en el Elba y se desplegaba por Europa occidental y Asia oriental.
    Volviendo a Rusia, no está de más recordar que la ofensiva contra Polonia se produjo en respuesta a la previa invasión lanzada por Pilsudski sobre territorio soviético. En cualquier caso, es evidente que Rusia considera ciertas regiones como su esfera de influencia y escudo defensivo. Los países mencionados en su réplica (y otros) ya estuvieron bajo el dominio zarista y hoy en día siguen siendo objeto de disputa. La presencia de tropas españolas en alguno de ellos (no precisamente cerca de los Pirineos) lo pone de manifiesto. Desde un punto de vista estratégico, no parece que los rusos estén equivocados. Sin la Guerra de Invierno, probablemente Leningrado habría caído. Algo similar ocurrió con las repúblicas bálticas y Besarabia: para la Operación Barbarroja habría sido muy ventajosa contar con ellas como punto de partida, tal y como lo fue Finlandia.
    Un saludo.

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    1. Hombre, la diferencia con el Pacto germano-soviético es que en Múnich Francia y el Reino Unido no obtuvieron ninguna ganancia territorial. En mi opinión solo fue un intento de apaciguar a Hitler por parte de las democracias sacrificando Checoslovaquia -un país creado por ellas que ya no les era útil-, en espera de un enfrentamiento entre Alemania y la URSS, que eran los países que les estorbaban. Franceses y británicos se cayeron del guindo tras el pacto entre Hitler y Stalin (una alianza de facto) y ahí sí que ya tuvieron que declarar la guerra, aunque solo fue al primero, no lo olvidemos. Esto hizo que cuando se produjo por fin el choque entre los dos Estados totalitarios, los británicos y los yanquis se pusieran de inmediato del lado soviético. No voy a negar el imperialismo yanqui, pero si tengo que elegir entre la hegemonía estadounidense y la soviética, me quedo de calle con la primera, y reconozco que esto no deja de ser mi opinión.

      En cuanto a lo de 1920, es evidente que Lenin buscaba recomponer el Imperio ruso (a pesar de que en teoría era defensor del derecho de autodeterminación), pero no solo eso. Para él Polonia no era más que un lugar de paso hacia Alemania (donde el año anterior, como en Hungría, había fracasado el intento de instaurar el comunismo), y el 23 de julio de 1920 le había escrito a Stalin sobre la posibilidad de avanzar por Checoslovaquia, Rumanía y Hungría hasta Italia. Stalin le respondió que "sería un pecado" no intentarlo.

      Leningrado no cayó en 1941 porque el Ejército finlandés se detuvo en sus antiguas fronteras, nunca estuvo en sus planes tomar la ciudad. En cuanto a la frontera occidental soviética, avanzó hacia el oeste pero dejó expuesto al Ejército Rojo que tuvo que abandonar las defensas de la Línea Stalin, con un resultado bastante desastroso en las fases iniciales de Barbarossa.

      Un saludo.

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    2. Pues si de verdad los imperialistas británicos y franceses creían que todo se reducía a un conflicto entre el III Reich y la URSS, es que vivían en una realidad paralela. Hitler nunca ocultó sus deseos de revertir el tratado de Versalles (la remilitarización de Renania o la restitución del servicio militar daban pistas de por dónde iban los tiros). La ocupación de Chequia, contraviniendo lo acordado en Múnich, debería haber dejado las cosas claras a Londres y París, quienes, por cierto, no sé cómo concebirían una guerra germano-soviética que no pasase por suelo polaco (cuya integridad decían garantizar).
      Personalmente, no me gustan ni las hegemonías, ni los dominios ni los imperialismos, sean de quien sean.
      Lenin perseguía, o al menos eso afirmaba, la revolución en Europa y en todo el mundo, para lo cual la intervención del Ejército Rojo le parecía legítima. En cuanto a Stalin, el apóstol del "socialismo en un solo país", bien se le puede considerar el restaurador del imperio zarista (cuyo zar actual es cierto ex-agente del KGB de todos conocido).
      Finlandia, un país con menos de cuatro millones de habitantes en 1940, lo cual no le impidió defenderse con decisión en la Guerra de Invierno, perdió en ésta decenas de miles de hombres. No parece probable que, poco más de un año, estuviese en condiciones de embarcarse en una guerra irrestricta con la URSS (también se abstuvo de cortar la línea férrea con el puerto de Múrmansk). En cualquier caso, Moscú consideraba el istmo de Carelia estratégico para la defensa de Leningrado. En cuanto a la expansión hacia el oeste, permitía incrementar una de las dos grandes ventajas defensivas de Rusia: las enormes distancias (la otra, el clima, por supuesto). Seguramente ambos factores contribuyeron tanto a impedir la caída de Moscú como los esfuerzos de los propios soviéticos. En este sentido, una semana, por ejemplo, de dilación del avance alemán suponía una diferencia notable. En cambio, no parece que las defensas estáticas como la línea Stalin tuviesen un papel muy brillante en la Segunda Guerra Mundial.

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    3. El Reino Unido y Francia ofrecieron garantías a Polonia precisamente tras la ocupación germana de toda Checoslovaquia, en marzo de 1939. Pero a la hora de la verdad, aparte de declarar a guerra a Alemania el 3 de septiembre no hicieron mucho más durante meses, quizá esperando el inevitable choque entre nazis y soviéticos, aunque este tardó en llegar más de lo esperado. Desde luego tras declarar la guerra no se esforzaron demasiado en evitar la caída de Polonia.

      Por otro lado la Línea Stalin efectivamente no sirvió de mucho porque fue desmantelada por los soviéticos tras la adquisición de nuevos territorios en el oeste. Esos territorios habían formado parte de Estados que se interponían entre Alemania y la URSS dificultando efectivamente un enfrentamiento entre ellas, pero Hitler y sobre todo Stalin se preocuparon de destruir dichos países creando una frontera común y facilitando así el choque entre ellos. El Ejército Rojo se desplegó entonces en esas zonas adoptando una disposición que parecía más de ataque que de defensa, lo que facilitó que una vez iniciada la invasión germana, la Wehrmacht embolsara a cantidades ingentes de unidades soviéticas y las destruyera con rapidez. Lo que frenó a los alemanes fue su sorprendentemente escasísima preparación para el clima ruso (como si Hitler y sus generales lo desconocieran) y más tarde la llegada de refuerzos desde Siberia, pero quizá les habría costado mucho más llegar hasta las puertas de Moscú de haberse encontrado con un buen muro de defensas, como les pasó a los soviéticos cuando atacaron Finlandia o a los propios alemanes en la batalla de Kursk.

      Un saludo.

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    1. No dudo de que en Londres y en París más de uno albergaba la esperanza de que el III Reich liquidase a la Rusia soviética; al fin y al cabo, ellos mismos ya lo habían intentado dos décadas atrás. Sin embargo, a nadie con un poco de lucidez se le escapaba que Alemania perseguía la hegemonía en el mundo capitalista, al igual que en la I Guerra Mundial. Churchill supo verlo, y por esta razón denunció el "apaciguamiento". Por lo demás, parece ser que fue su falta de preparación lo que mantuvo inactivos a los ejércitos británico y francés durante los primeros meses de la guerra.
      Volviendo a una cuestión ya comentada, la planeada invasión alemana de Polonia llevaría la nueva frontera del Reich a pocos kilómetros de Minsk. ¿Debía la URSS permitirlo? La opción de la guerra no debía de parecer una buena solución, ya que la preparación del Ejército Rojo era insuficiente y la posibilidad de contar con apoyo occidental incierta. En estas condiciones, un acuerdo de no agresión y el reparto de Polonia resultaban racionales.
      Desde luego, la estrategia de defensa soviética de junio de 1941 fue, como poco, negligente. Ciertamente, la purga de muchos de los mejores oficiales del Ejército Rojo y el empeño de Stalin en negar la realidad de la inminente invasión no ayudaron. Por otra parte, nadie nos garantiza que la Línea Stalin hubiese tenido mucho más éxito que la Línea Maginot o la Sigfrido. En el caso de Finlandia, un paisaje salpicado con bosques, lagos y pantanos debió de contribuir tanto o más que las fortificaciones a frustrar los ataques soviéticos (la línea Mannerheim se benefició de la estrecha franja de tierra del Istmo de Carelia). La táctica soviética en Kursk, en cambio, se basó en la "defensa en profundidad", con líneas sucesivas que se adentraban 300 kilómetros en el frente soviético.
      Un saludo.

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    2. En septiembre de 1939 solo las fuerzas armadas francesas ya eran mayores que las alemanas. Sumadas a las británicas y las polacas, lógicamente la diferencia era aún mayor en favor de los Aliados. Pero es que en el Frente Occidental la superioridad numérica aliada era aplastante: 110 divisiones francesas frente a una veintena de divisiones germanas de segunda clase (lógicamente la mayor y mejor parte de la Wehrmacht estaba empeñada en la campaña de Polonia). Y lo único que hicieron los franceses fue iniciar una tímida ofensiva en el Sarre el 7 de septiembre con cerca de cuarenta divisiones que se detuvo al toparse con los campos de minas de la Línea Sigfrido (ya que hablamos de fortificaciones). Eso fue todo. Parece ser que tras la guerra, algunos generales germanos como Alfred Jodl comentaron que si los Aliados hubieran lanzado una gran ofensiva sobre Alemania en septiembre de 1939, esta habría colapsado. Pero no lo hicieron, ni en septiembre ni en los meses posteriores.

      La frontera del Reich nunca habría quedado tan cerca de Minsk porque Stalin no lo habría permitido, motivo por el cual Hitler solo se decidió a invadir Polonia tras llegar a un acuerdo con el dictador soviético (que además dejó que él atacara primero para que quedara de "malo"). Sin embargo la situación final, con una frontera común entre la URSS y Alemania, favorecía tanto un ataque germano hacia el este, como uno soviético hacia el oeste. A partir de ahí la incógnita solo era cuál se produciría primero.

      Y quiero decir algo sobre las purgas estalinistas. Una de sus más famosas víctimas fue el mariscal Tujachevsky, ejecutado en 1937. Más allá de que los cargos que pesaron sobre él fueran falsos, creo que se ha exagerado un poco el valor militar de este hombre, cuyos éxitos en campaña se limitaron a los que obtuvo contra sus compatriotas durante la Guerra Civil Rusa, el Levantamiento de Kronstadt y las revueltas campesinas de Tambov. Sin embargo fue derrotado por los polacos y, tras su muerte, sus teorías sobre las operaciones en profundidad fueron puestas en práctica por Zhukov. Es decir, que su pérdida quizá influyó menos en el curso de la Segunda Guerra Mundial de lo que se ha dicho. Pero a lo que voy es que, dentro de su naturaleza criminal, las sangrientas purgas estalinistas tenían su lógica: si un tirano fundamenta su régimen en el terror y la represión, ha de mantenerlos de forma indefinida si quiere evitar que traten de eliminarle por asesino. Hitler llevó a cabo solo dos grandes purgas entre los suyos, la de la Noche de los Cuchillos Largos y la posterior al atentado del 20 de julio de 1944. A cambio se dice que sufrió hasta 42 tentativas de asesinato, eso sí, todas fallidas. A Stalin sin embargo nadie trataba de quitarlo de en medio precisamente porque periódicamente purgaba desde su entorno más cercano hasta el último lugar de la Unión Soviética. Los que sobrevivían a las purgas ya tenían bastante con poder contarlo como para ponerse a pensar en organizar conspiraciones, sobre todo en un ambiente tan paranoico como aquel. Aunque el terror que infundía Stalin entre quienes le rodeaban le costaría finalmente muy caro, ya que cuando sufrió el ictus que le llevaría a la muerte, nadie se atrevió a abrir la puerta de su habitación durante un día entero, mientras él permanecía tirado en el suelo. Si hubiera tenido atención médica mucho antes, quizá habría salvado su vida.

      En cuanto a las líneas fortificadas, la Sigfrido sirvió al menos para detener la ofensiva francesa de 1939, si bien repito que tampoco es que esta fuera muy impetuosa. Tras la victoria alemana en el oeste, la Línea Sigfrido fue desmantelada, hasta el punto de que sus edificios eran utilizados como almacenes por los granjeros. En 1944, tras el Desembarco de Normandía, fue recompuesta en cierta medida y aguantó los ataques aliados durante meses. Con respecto a la Línea Maginot, no detuvo a los alemanes en 1940, pero sí les obligó a rodearla (por desgracia para los franceses no cubría la frontera belga), luego algo eficaces sí que eran, creo yo.

      Un saludo.

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  4. Movilizar, equipar y poner en disposición de combate a varios millones de hombres no es algo que se haga de la noche a la mañana. Para cuando los aliados lo consiguieron, los alemanes ya habían terminado la campaña de Polonia y movido sus mejores tropas a Renania.
    Algo parecido puede decirse de la tardanza de la invasión soviética de Polonia. Entre la conclusión de los protocolos secretos del pacto Molotov-Ribbentrop y la ofensiva alemana pasaron pocos días. La Wehrmacht estaba ya lista para actuar (después de todo, la iniciativa de la guerra era de Hitler). Pero ¿y el Ejército Rojo? Durante esos mismos días, la URSS también estaba combatiendo con Japón en las estepas mongolas (donde Zhukov comenzó a ganarse un nombre).
    Si las purgas se hubiesen limitado a Tujachevski, seguramente nadie habría notado su ausencia en la IIGM. El problema fue que lo acompañaron en su triste destino miles de oficiales del Ejército Rojo, incluido alguno que se libró de la muerte y tuvo un papel destacado en la guerra, como Rokossovski. Stalin se benefició de la represión llevada a cabo por los bolcheviques antes de su ascenso (Lenin casi muere en un atentado). Hitler, en cambio, tuvo que hacer el trabajo sucio él solo. No tardó en abrir Dachau para "alojar" a los presos políticos de izquierda. En realidad, sólo sufrió dos intentos serios de asesinato, el de Elser y el de Stauffenberg, dos hombres ajenos al NSDAP.
    La línea Sigfrido no fue un obstáculo de envergadura para los aliados. Si la invasión de Alemania sufrió retrasos fue debido al fiasco de Market Garden y la contraofensiva de las Ardenas, pero en cuanto las divisiones aliadas llegaron a la línea Sigfrido, tardaron apenas días en rebasarla. Cinco años antes, nadie olvidaba que la ofensiva alemana contra Francia en 1914 había sido a través de Bélgica. Si no se fortificó esta frontera fue, sin duda, en la confianza de que las líneas defensivas belgas y las Ardenas detendrían a las fuerzas alemanas. Craso error. En cualquier caso, la manía del período de entreguerras con la contrucción de líneas defensivas fue una consecuencia directa de la guerra de trincheras de 1914-1918 que demostró su escasa utilidad con la guerra mecanizada y aérea de 1939-1945. No por casualidad las defensas estáticas fueron abandonadas tras la IIGM.
    Un saludo.

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    1. Hombre, precisamente Market Garden fue un intento de sortear la Línea Sigfrido. Por otro lado, los Aliados la alcanzaron en septiembre de 1944 y no terminaron de cruzarla realmente hasta marzo de 1945. El retraso no se debió solo al fracaso de Market Garden y las Ardenas. En el bosque de Hürtgen, los estadounidenses perdieron decenas de miles de hombres tratando durante meses precisamente de reventar las fortificaciones de la Línea Sigfrido. Es cierto que durante la Guerra Fría las defensas estáticas perdieron todo sentido, pero durante la Segunda Guerra Mundial contribuyeron notablemente a retrasar durante meses el avance enemigo. A los casos de los que hemos hablado habría que unir por ejemplo los de las líneas Gustav y Gótica, en Italia.

      En cuanto a 1939, ya digo que en el mismo mes de septiembre los franceses entraron en Alemania con una superioridad numérica aplastante y se dieron la vuelta (tras toparse con la Línea Sigfrido), así que... Por otro lado no creo que el Ejército soviético necesitase mucha preparación para enfrentarse al polaco, sobre todo si este se tenía que enfrentar a la vez al alemán. Diría que Stalin fue muy astuto (una vez más) y que planificó las cosas de la forma que más le favorecían. No hay más que recordar que el Pacto Ribbentrop-Mólotov se firmó en Moscú estando él presente y no Hitler. Y este también estuvo a punto de morir en 1943, cuando le pusieron una bomba en su avión que no explotó. En todo caso, en un Estado totalitario como la Alemania nazi nadie era ajeno al partido.

      Un saludo.

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    2. Hasta donde sé, Market Garden fue ante todo un intento de Montgomery por ganar protagonismo. En cualquier caso, los obstáculos naturales demostraron ser mucho más eficaces que las defensas estáticas en sí. Los ríos y los bosques, las inclemencias del invierno fueron un reto mucho mayor para los aliados occidentales en la invasión de Alemania que la línea Sigfrido, la cual fue totalmente rebasada durante las primeras semanas de febrero. Algo parecido puede decirse de las defensas alemanas en Italia, que descansaban sobre las ventajas que les ofrecían los Apeninos y la relativamente estrecha Península Itálica. En el caso de la ofensiva del Sarre, el conservadurismo de Gamelin (una reliquia de la IGM y naturalmente adalid de la línea Maginot) fue más determinante que la propia línea Sigfrido, la cual, en realidad, los franceses jamás alcanzaron ni atacaron (en septiembre de 1940). En resumen, como bien dijo el George Patton, "las defensas estáticas son un monumento a la estupidez humana", completamente desacreditadas por la IIGM.
      La última afirmación demuestra la pobreza de la problemática liberal del "totalitarismo" (que ni siquiera es capaz de decidir si la Italia fascista, que acuñó el concepto, era "totalitaria" o no). En el III Reich, las instituciones tradicionales como el Ejército o las iglesias actuaron a menudo con una notable autonomía frente al NSDAP (el cual, por otra parte, estaba corroído por sus propias divisiones), por no hablar de los ciudadanos particulares que se refugiaron en su vida privada. ¿Que no eran ajenos a las políticas del Estado? ¿Y quién lo es en un país moderno? ¿Todos los estados modernos son "totalitarios"?
      Un saludo.

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    3. Una pequeña fe de erratas: donde dice "septiembre de 1940" debe decir, claro está "septiembre de 1939"; en vez de "el George Patton", suena mejor "el general Patton".

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    4. No estoy para nada de acuerdo. Los ejércitos no se detenían durante meses por un río, pero sí por líneas fortificadas como la Gustav, la Gótica o la Sigfrido, y rebasarlas solía costar, además de mucho tiempo, decenas de miles de bajas. Algunas de las peores batallas de la Segunda Guerra Mundial, como la de Montecassino, ocurrieron precisamente en esas zonas. Por supuesto que podían influir otros muchos factores, pero insisto en que su papel en aquella guerra no fue para nada desdeñable.

      En cuanto a lo del totalitarismo, para hablar de él me guío por una experta, Hannah Arendt. Hombre, yo sí veo nítidas diferencias entre cómo influía sobre la vida de los ciudadanos el Partido en la Alemania nazi y la URSS por un lado, y las democracias por otro, para empezar porque en estas últimas no hay un partido, sino varios que se suceden en el gobierno. Diferencias abismales y obvias que no creo necesario enumerar. Solo añadiré que para Arendt la Italia fascista no era totalitaria. Así, escribe en "Los orígenes del totalitarismo": "Sin embargo, incluso Mussolini, que tan orgulloso se mostraba del término "estado totalitario", no intentó establecer un completo régimen totalitario, y se contentó con una dictadura y un régimen unipartidistas". Y añade en una nota a pie de página: "Prueba de la naturaleza no totalitaria de la dictadura fascista es el número sorprendentemente pequeño y las sentencias relativamente suaves impuestas a los acusados de delitos políticos. Durante la etapa particularmente activa de 1926 a 1932, los tribunales especiales para delitos políticos impusieron siete penas de muerte, 257 sentencias a diez o más años de cárcel, 1.360 de menos de diez años y sentenciaron a muchos más al exilio. Además, fueron detenidos y declarados inocentes unos 12.000, procedimiento completamente inconcebible bajo las condiciones del terror nazi o del bolchevique".

      Un saludo.

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  5. La inundación provocada del Rur en febrero de 1945 seguramente retrasó más el avance aliado que la línea Sigfrido de marras en aquel mismo mes. Por otra parte, cruzar ríos caudalosos (que no son escasos en Europa) siempre ha supuesto un reto táctico para los atacantes, máxime en la época de la guerra motorizada, y una oportunidad para los defensores. En cuanto a Montecassino, este ejemplo redunda en la importancia determinante de la geografía (sin ánimo de restar méritos a la arquitectura benedictina). Una vez más, señalaré el abandono en la segunda postguerra de las defensas estáticas como testimonio de su relativa inoperancia (en un contexto en el que una nueva guerra terrestre europea era una posibilidad real).
    Decir que Hannah Arendt es una experta en "totalitarismo" es como decir que Bob Marley es un experto en reggae. Si tu creas y/o desarrollas un concepto, desde luego puedes pontificar sobre él. Que resulte más o menos ajustado a la realidad, que contribuya a explicar fenómenos, es otro cantar. Después de todo, doña Hannah no era historiadora o socióloga, sino filósofa (amén de ideóloga de la Guerra Fría). Si el grado de "totalitarismo" se mide por el número de víctimas de la represión estatal, los candidatos a "totalitarismos" tienden hacia el infinito. En el caso de la Italia fascista, cabe preguntarse si los cientos de miles de etíopes asesinados o las numerosas víctimas de Salò cayeron a manos de un régimen "totalitario" o "autoritario". Emilio Gentile, uno de los historiadores más importantes del fascismo, se inclina por la primera opción, y ha dedicado buena parte de su carrera a sostener el carácter "totalitario" del proyecto mussoliniano. Hablando de víctimas del colonialismo, las muy democráticas Gran Bretaña y Francia ensangrentaron Argelia y Kenia a mediados del siglo pasado, pero cabe suponer que su terror fue liberal, no "totalitario". Sobre la alternancia de los gobiernos en éstas y otras democracias, puede decirse que se trata de algo parecido a elegir entre Coca-cola y Pepsi (lo cual es, casi literalmente, el principal acto de libertad en nuestro mundo), en este caso, entre fracciones de la clase dominante.
    Espero no aburrirle demasiado. Si le he respondido todos estos días, ha sido porque me ha parecido una persona educada que recurre a hechos y argumentos, no a descalificaciones (como por desgracia, tanto se ve por ahí).
    Un saludo.

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    1. Obviamente doña Hannah se refería a la Italia fascista que existió hasta 1943, no al Estado títere nazi de Saló. Y por totalitarismo me refiero al que se ejercía sobre la propia población, no sobre la de los territorios conquistados o las colonias, sobre todo en una época en que aún imperaba el racismo. De hecho, creo que las potencias coloniales ejercieron verdaderos regímenes de terror en las posesiones que mantenían más allá de sus fronteras, pero yo no metería estos acontecimientos en la historia del totalitarismo, sino obviamente en la del colonialismo, mucho más duradera.

      Ah, y no solo no me aburre sino que siempre agradezco que alguien se tome la molestia de leer e incluso comentar este humilde blog al que dedico bastante menos tiempo del que me gustaría. En lo de las descalificaciones estoy completamente de acuerdo: un debate ha de centrarse en el tema, no en alusiones personales absurdas.

      Un saludo.

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  6. Qué buen rato he pasado al calor de su debate. Muchas gracias a ambos.

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  7. Del colonialismo, por otro lado, se habla poco y parece que no hay juventudes de ninguna formación política que lo pongan sobre el tapete para que Pedro pueda verter toda su tinta justiciera. Bueno, sí que las hay pero no exaltándolo y siempre desde perspectivas idealistas y desinformadas.
    El colonialismo no ha rendido cuentas ni ha pasado factura a los países que más, y más ferozmente, lo han ejercido.
    Los países que lo han sufrido, sin embargo todavía arrastran las deficiencias estructurales que su explotación ha supuesto y han entrado en la globalización del mercado internacional de inspiración neoliberal sin solución de continuidad ni reparación de daños por parte de sus maltratadores.
    Quizá EEUU, esa colonia revolucionaria de ciudadanos europeos que arrasó con los pobladores originarios, y Australia, esa otra colonia de ciudadanos europeos que también arrasó con los pobladores originarios, sean las dos excepciones al triste destino de lo que ha devenido en desodorante.

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    1. Pues fíjate en que eso que dices sobre los países que arrastrando las deficiencias estructurales que su explotación ha supuesto, han entrado en el mercado internacional de inspiración neoliberal sin solución de continuidad ni reparación de daños por parte de sus maltratadores, es justo lo que pasado con tantos y tantos Estados excomunistas, aunque mucho más recientemente.

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    2. No es esa una comparación muy exacta. Si bien los países del llamado "socialismo real" nunca alcanzaron el nivel de desarrollo económico de las grandes potencias capitalistas, su situación en, digamos, 1990 era mucho mejor que la del mundo colonial en 1950 o 1960, momento en el que numerosas naciones africanas y asiáticas accedieron a su independencia formal. En realidad, el lugar que ocupan en la Unión Europea los países exsocialistas no es muy diferente del de España, Grecia o Portugal, todos los cuales compiten por los fondos comunitarios. Tampoco está de más recordar que, antes de 1945, los países del primer grupo, en general, eran economías agrarias con una importante penetración del capital alemán, británico, francés, etc. Para terminar, cabe afirmar que la turbulenta (y truculenta) experiencia del maoísmo no ha impedido a China convertirse en una potencia capitalista de primera fila, con bastante más éxito que, por ejemplo, la India.

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    3. Hoy los países excomunistas de Europa Oriental es verdad que no están mal, pero primero tuvieron que pasar por un calvario que duró varios años. Como de esto hablé hace tiempo en otra entrada de este blog (https://andaquepaque.blogspot.com/2020/07/los-posos-del-comunismo.html), me permito citarme:

      "La herencia económica estuvo entre lo peor que los países comunistas legaron a la posteridad. El desastre de la economía, combinado con el terrible daño medioambiental que causaron las industrializaciones a marchas forzadas tan características de los regímenes comunistas, supusieron para esos países una gran hipoteca para el futuro: había que desmantelar las antiguas y obsoletas fábricas y corregir los errores antes de invertir en nuevos proyectos. Dentro de lo que cabe, los antiguos alemanes orientales tuvieron suerte, pues fue el Gobierno federal tras la reunificación quien corrió a cargo de reparar los daños causados por el comunismo en los territorios de la RDA. En otros países, el coste de reinventar la economía recayó en los hombros de quienes habían padecido el socialismo real.

      La tarea era doble e ingente: por un lado había que desarrollar una transición económica hacia el capitalismo, y por otro un cambio político hacia la democracia. No fue nada fácil. El comunismo había impregnado durante décadas cada sector de la vida: política, economía, sociedad, cultura y sistemas de creencias, de manera que costaría años y mucho esfuerzo implantar un orden radicalmente distinto.

      Se había teorizado en múltiples ocasiones el tránsito del capitalismo al socialismo, pero a nadie se le había ocurrido dar indicaciones sobre cómo hacer el camino inverso. El capitalismo se basa en el mercado y esto significa privatización. No había precedentes históricos de una privatización de los bienes públicos como la que se llevó a cabo en la Europa Oriental posterior a 1989. El capitalismo se había desarrollado en el mundo atlántico durante siglos acompañado de leyes, instituciones, reglamentos y prácticas que lo regulaban y legitimaban, combinando además los beneficios de la economía de mercado con programas sociales (lo que viene a ser el Estado del bienestar). En los países poscomunistas todo ello simplemente se ignoró y el resultado fue una rápida privatización en forma de cleptocracia. La diferencia entre privatización, apropiación indebida y simple robo desapareció completamente. Había mucho que robar -petróleo, gas, minerales, oleoductos, metales preciosos- y nadie que lo impidiera, pues eran miembros de la antigua nomenklatura quienes seguían manejando los hilos del poder. El nepotismo proliferó de forma similar a como lo había hecho durante el comunismo, pero con ganancias privadas mil veces mayores. Además, el dinero se canalizaba hacia mafias instaladas en las antiguas estructuras del partido y en sus servicios secretos.

      Occidente tuvo parte de responsabilidad en este despropósito precisamente por su falta de participación: no hubo un Plan Marshall para reconstruir Europa Oriental tras el comunismo. La única implicación estadounidense fueron las considerables sumas en concepto de subvenciones que recibió Rusia de Washington y que fueron a parar a los bolsillos de quienes formaban parte del entorno de Yeltsin. En consecuencia, los europeos orientales tuvieron que competir con Occidente en condiciones tremendamente desfavorables. La respuesta de varios de esos gobiernos fueron medidas proteccionistas que lo único que consiguieron fue inclinar más aún el proceso de privatización hacia la corrupción".

      El caso de China fue diferente, ahí la transición fue solo económica, mucho más gradual y con apoyo e inversión extranjera (como la estadounidense, ya que comenzó en tiempos de la Guerra Fría). El camino hacia la democracia se frenó de forma tan brusca como sangrienta en Tiananmén.

      Un saludo.

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    4. A nadie se le escapa que la economía de los países del COMECON era mucho menos productiva que la del capitalismo avanzado. Ahora bien, la desindustrialización no ha sido un fenómeno exclusivo ni original de estos países. En los EE UU y Europa occidental comenzó, al menos, tras la crisis del petróleo. La razón o excusa del fenómeno, la misma: falta de competitividad. Con la deslocalización de las factorías, también se deslocaliza la polución. Los bilbaínos, por ejemplo, pueden atestiguarlo (y la ría del Nervión no está en Pomerania). En el Tercer Mundo, contaminar también es más barato.
      En esa historia un tanto idílica del capitalismo, se echa en falta el papel fundamental de las expropiaciones y del saqueo puro y duro. Los famosos "cercamientos" de Inglaterra, proceso constitutivo del capitalismo agrario, se hicieron mediante la expulsión de los campesinos de sus parcelas, la privatización de las tierras comunales y la expropiación de los monasterios. En resumen, se trató de la "acumulación originaria" de Marx. Algo parecido podría decirse de las "desamortizaciones" españolas. Ya se ha hablado del expolio de los pueblos nativos de los países de ultramar y del colonialismo en general. Pero sin duda todo estuvo regulado por leyes, instituciones, reglamentos y prácticas. En cuanto al Estado del Bienestar, más que una consecuencia natural del capitalismo o una graciosa concesión de las clases poseedoras, fue el (precario) resultado, en gran medida, de las luchas del movimiento obrero y socialista.
      Por cierto que Occidente sí participó en el desmantelamiento de las economías planificadas: encontró en ellas una excelente oportunidad de negocio. Por otra parte, la "mano invisible" del mercado, decían los apologistas de la "libre empresa" durante los triunfalistas años noventa, debería haber solucionado todos los problemas en Europa del Este.
      Por último, el espectacular desarrollo de China (en el cual, efectivamente, el capital y la tecnología extranjeros fueron determinantes, como lo fueron en el desarrollo de los EE UU en el siglo XIX, es este caso capital y tecnología británicos) plantea la cuestión de si el despotismo puede ofrecer mejores resultados económicos que los regímenes liberales (nuevamente, me remito al contra-ejemplo de la India), lo cual resulta cuando menos inquietante.
      Un saludo.

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  8. Me alivia saber que no resulto demasiado cargante, y celebro que haya quien encuentre interesante este intercambio de opiniones.
    Sobre la cuestión del colonialismo, recientemente he leído una frase del dirigente bolchevique Bujarin (una de las más célebres de las incontables víctimas de Stalin) que me ha llamado la atención: "La mayor parte de Francia está en África, la mayor parte de Inglaterra está en Asia, etc.". Efectivamente, la historia de las metrópolis no se puede separar de la de sus colonias (y viceversa), o de lo contrario se corre el riesgo de perder la perspectiva global. Incluso desde un punto de vista legal, Francia consideraba a Argelia parte de su territorio, como si del Alto Loira se tratase. En relación con el "totalitarismo", Hitler expresó en alguna ocasión que el este de Europa debía ser para el III Reich lo que África para Francia y Gran Bretaña, aunque el resultado se terminó pareciendo más al "Estado Libre del Congo" del infame Leopoldo II de Bélgica. A nadie se le escapa que los crímenes más espantosos del régimen nazi se cometieron en países que no eran Alemania contra gente que no era alemana. ¿Deben desligarse estas atrocidades del "totalitarismo" por una simple cuestión de fronteras? En lo tocante a los estados títere como Salò, esta condición no tiene por qué impedir hablar de un régimen fascista; es el mismo caso, por ejemplo, de la Croacia ustasha, cuyo furor genocida, al parecer, impresionó a los propios alemanes (!). ¿El hecho de basar su existencia en la ocupación alemana exime de sus crímenes a las mencionadas dictaduras fascistas? En el caso de Italia, existe una clara continuadad en el personal y el proyecto fascistas entre antes y después de 1943, a pesar de la ruptura que supuso la destituación de Mussolini. De hecho, habiéndose librado de contrapesos como la monarquía, el ejército o el Vaticano, Saló pudo actuar con mayor fidelidad a los principios fascistas (dentro de los límites impuestos por la guerra y la ocupación).
    Sobre las observaciones de Cucurruqui, me gustaría añadir que tanto los EE UU como Australia han tenido dos grandes ventajas: en primer lugar, y como es evidente, territorios extensos y ricos en recursos (debidamente despejados de "molestos" nativos); en segundo, y quizá haya sido lo más determinante, la suerte de nacer plenamente capitalistas, sin tener sobre sus espaldas el peso de rémoras feudales (al contrario que, por ejemplo, Rusia o nuestro propio país).
    Un saludo.

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    1. Obviamente los crímenes que cometieron los nazis dentro y fuera de sus fronteras son todos achacables a su régimen, lo que pasa es que Alemania ya era un Estado totalitario años antes de que estallara la guerra. A mi modo de ver, lo que distingue el totalitarismo de los regímenes de terror que se han impuesto desde hace siglos en territorios conquistados o colonizados, es que el primero se ejerce en primer (y a veces único) lugar sobre los compatriotas, sobre los propios ciudadanos del país en cuestión. Las primeras víctimas de los bolcheviques o de los nazis fueron respectivamente ciudadanos rusos o alemanes. En cuanto a la República Social Italiana o el Estado ustasha croata, no fueron más que simples títeres de los nazis. Es decir, fueron totalitarios porque, igual que el régimen de Szálasi en Hungría, actuaban únicamente al dictado de los nazis. Mussolini en Saló pudo hacer todas las declaraciones de intenciones que se quiera acerca de aplicar los principios fascistas originales ("socialistas", decía él), pero en la práctica el Duce desde su liberación no fue otra cosa que una marioneta en manos de Hitler, que era de verdad quien ejercía el control sobre el norte de Italia. Otra cosa fue el régimen fascista italiano que perduró hasta 1943, y que en líneas generales fue más autoritario que totalitario, en similar medida al austrofascismo (que de hecho estaba inspirado en el fascismo italiano), el régimen de Horthy en Hungría, el de Metaxas en Grecia, el Estado Novo portugués, o incluso la dictadura de Primo de Rivera en España. Los Estados títeres de los nazis fueron instaurados por estos en un contexto bélico y a imagen y semejanza de lo que había en Alemania, por eso fueron totalitarios. De hecho, los mismos nazis acabaron con algunos de los regímenes fascistas o filofascistas que he mencionado antes. Según la RAE, por totalitarismo se entiende la "doctrina y regímenes políticos, desarrollados durante el siglo XX, en los que el Estado concentra todos los poderes en un partido único y controla coactivamente las relaciones sociales bajo una sola ideología oficial". Bien, pues esa coacción era menor en los regímenes fascistas que he mencionado que en la Alemania nazi o la URSS de Stalin. Volviendo a España, a mi modo de ver el régimen de Franco fue totalitario durante sus primeros años porque se instauró en medio de una guerra civil y por influencia nazi, y solo se suavizó cuando pasó a estar bajo la órbita de los EEUU, desde los años cincuenta.

      Ah, estoy de acuerdo en que para los EEUU y Australia (y Nueva Zelanda y Canadá) ha sido una ventaja alcanzar la independencia ya con una economía de mercado, aunque no sé si Cucurruqui lo verá de igual forma :P

      Un saludo.

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    2. El DRAE, en su XXI edición (que es la que posee un servidor en su humilde hogar) define "transubstanciación" de la siguiente manera: "Conversión de las sustancias del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Jesucristo". A los señores de la docta casa se les olvidó matizar: "según la doctrina de ciertas iglesias cristianas". Con "totalitarismo" les ha sucedido algo parecido: "según la doctrina liberal" completaría la definición. De la escasa operatividad del término (más allá de sus usos propagandísticos) da fe el tótum revolútum de dictaduras derechistas citadas y agrupadas bajo la etiqueta del "totalitarismo". Encontramos, por una parte, a dictaduras reaccionarias más o menos militares, a menudo apoyadas por la Iglesia, muy vinculadas a la clase terrateniente, y en las que el partido fascista era o bien un elemento secundario (la España de Franco es el ejemplo más claro), estaba en la oposición (los nazis contra Dollfuss) o bien, simplemente, no existía (¿había algún partido fascista en la dictadura del general Primo de Rivera?). Por otra parte, las verdaderas dictaduras fascistas, es decir, Italia y Alemania y los regímenes creados por ésta durante la IIGM sobre la base de movimientos fascistas locales (Croacia, brevemente Hungría). Ni los apoyos sociales de éstos ni su proyecto eran los mismos de las dictaduras derechistas tradicionales. Sin embargo, la confusión al respecto es persistente: así, buena parte de la izquierda española se empeña en sostener, contra toda evidencia, que el régimen de Franco fue fascista. Por lo demás, el debate "totalitario o autoritario" recuerda al de "galgos o podencos".
      Retomando la cuestión de los regímenes fascistas instaurados por el III Reich, es obvio que Berlín dictaba su política exterior y sus operaciones militares, pero no así su política interna. ¿Persuadió Hitler a Ante Pavelic para asesinar a cientos de miles de serbios?
      En cuanto al amigo Cucurruqui, no dudo de que sepa ver las ventajas del capitalismo frente al feudalismo. Y hablo de "capitalismo" y no de "economía de mercado", pues si bien el capitalismo es una economía de mercado, no todas las economías de mercado son capitalistas: por ejemplo, el Imperio romano.
      Un saludo.

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    3. Para mí el régimen de Franco puede ser calificado tranquilamente de fascista, al menos hasta los años cincuenta. De todas formas, reconozco que tiendo a simplificar y si para mí es comunista cualquier dictadura inspirada en el marxismo-leninismo, también tacho de fascista cualquier dictadura de derechas.

      Y los nazis claro que dictaban la política interna de sus Estados títeres. El asesinato masivo de serbios fue cosa de los croatas, pero el de judíos y gitanos, por ejemplo, fue fruto de la supeditación de Pavelic a Hitler. De la misma manera, las deportaciones de los judíos italianos solo comenzaron a partir de la ocupación alemana, y en Hungría las detuvo Horthy pero se reanudaron bajo el régimen filonazi de la Cruz Flechada.

      Un saludo.

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    4. Yo, por el contrario, pienso que es muy importante ser preciso con los términos y darles a éstos todas las vueltas que haga falta, aun a riesgo de parecer un pedante. De esta manera podemos saber de qué estamos hablado e intentar captar los muchos matices de la realidad, pues ya se sabe que el diablo está en los detalles.
      En la medida en que los partidos comunistas suelen denominar a su ideología como marxista-leninista (no es el caso del PCE desde la Transición, por cierto), un régimen inspirado en estos principios bien puede ser llamado "comunista", aunque el comunismo, como teórico estadio histórico, sea algo muy distinto. En el caso de los regímenes fascistas, no deben ser confundidos con cualquier dictadura de extrema derecha. Por ejemplo, las dictaduras argentina y chilena de los años setenta y ochenta del pasado siglo difícilmente pueden ser calificadas como fascistas, por mucho que a menudo lo hayan sido, ya que ninguna de ellas contó con un partido-milicia de masas "anti-sistema", a la manera del PNF o NSDAP. Volviendo a España, no parece que haya motivos de peso para caracterizar al régimen franquista como fascista, pues el "Movimiento" nunca fue capaz de sostener un proyecto propio (más allá de la retórica de la "revolución pendiente") y desafiar el poder de instituciones tradicionales como el Ejército y la Iglesia. Tampoco aprecio los benéficos efectos de la alianza con los EE UU en la evolución de la dictadura, la cual puede ser explicada, en buena medida, por factores internos.
      Si he puesto en tela de juicio la problemática del "totalitarismo-autoritarismo" ha sido porque me parece que, en el mejor de los casos, sólo describe ciertos rasgos de determinados regímenes no democráticos, pero no explica sus distintos orígenes, dinámicas y naturalezas.
      Más defendible me parece la existencia de proyectos "totalitarios"; otra cosa muy distinta es que hayan podido llevarse plenamente a la práctica. Volviendo de nuevo a Salò, los propios alemanes limitaron sus planes económicos más radicales ("pseudosocialistas", los llamaría yo), pues consideraron que podían interferir con el esfuerzo de guerra (para que el que se precisaba la colaboración de los industriales italianos). Y es que los nazis nunca tuvieron especial interés en implantar dictaduras fascistas en Europa a la hora de elegir sus colaboradores. El gobierno de Pétain, similar en muchos aspectos al de Franco, lo demuestra. Por otra parte, Berlín nunca tuvo demasiados problemas en encontrar gobiernos, partidos e individuos que compartiesen algunas de sus ideas y planes. Desde luego, no tenía en monopolio del antisemitismo en Europa, aunque lo llevase hasta las últimas (y atroces) consecuencias. Ya antes de la guerra, países como Hungría, Polonia, Rumanía e incluso Italia habían adoptado motu proprio legislaciones discriminatorias contra los judíos. En los lugares ocupados por el III Reich, nunca faltaron antisemitas locales que contribuyesen, de distintas maneras (desde la deportación al asesinato) al Holocausto, desde Francia a Ucrania. No creo que Hitler tuviese que emplearse muy a fondo para persuadir a Pavelic.
      Para concluir este largo comentario, e insistir en la importancia de elegir bien los términos ("intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas", escribió Juan Ramón Jiménez con su peculiar grafía), retomaré el tema del capitalismo en los EE UU. Que el Sur esclavista fuese una economía de mercado parece indudable: incluso cierta categoría de personas era objeto de compra y venta. Pero, ¿se trataba de capitalismo? Diría que no, pues éste se basa en el trabajo asalariado.
      Un saludo.

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    5. Pues me ha parecido muy interesante todo el comentario y no estoy muy en desacuerdo con muchas cosas que dice. Solo quiero añadir que Pétain efectivamente era muy parecido a Franco, aunque una gran diferencia entre sus respectivos regímenes fue que solo el primero deportó a los judíos. Y esto se debió a que la Francia de Vichy en realidad no pasó de ser un Estado títere de los nazis, quienes por tanto la manejaban a su antojo. Con respecto a otros países mencionados, una cosa es adoptar legislación antisemita (en ocasiones por influencia nazi, como en los casos de Italia o Hungría), y otra ponerse a deportar y asesinar a los judíos. Para esto último era necesaria la ocupación y el sometimiento del Estado por parte de Alemania.

      Ah, y si hoy el PCE ya no es marxista-leninista, bien que lo disimula si tenemos en cuenta los insignes líderes soviéticos a los que no para de rendir homenajes :P (me remito de nuevo, por no ir más lejos, al tuit sobre Stalin que publicaron las juventudes del partido el mes pasado).

      Un saludo.

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    6. A mí también me parece interesante este intercambio de puntos de vista. En cuanto a la comparación de la España de Franco con la Francia de Vichy, es difícil (o imposible) saber qué habría ocurrido en el caso de haber habido una importante minoría hispano-judía. Desde luego, la retórica oficial antisemita (el famoso "contubernio judeo-masónico") no faltaba (la ausencia de relaciones diplomáticas con Israel tal vez se debiese más a consideraciones estratégicas que ideológicas, aunque estas últimas puedan haber tenido alguna relevancia). En Francia, la extrema derecha local tenía el antisemitismo como una de sus señas de identidad (pensemos en el affaire Dreyfus, la Acción Francesa, etc.), con lo cual a los nazis no debió de costarles encontrar colaboradores voluntarios para sus crímenes, al igual que en otros puntos de Europa. Incluso en el III Reich, la persecución de los judíos comenzó con medidas discriminatorias aparentemente "incruentas", amén de una propaganda agresiva. En el Este de Europa, otros países barajaban, como Berlín, la deportación de sus ciudadanos judíos, ya fuese a Palestina o a lugares aún más lejanos (se solía hablar de Madagascar, sabe Dios por qué).
      Está claro que, cuando el PCE abjuró oficialmente del leninismo en 1978, no hizo lo mismo con el estalinismo, o al menos con sus métodos, pues Carrillo no dejó de expulsar a militantes "díscolos" hasta que finalmente lo expulsaron a él. Reconozco no seguir tanto la actualidad del PCE como para pronunciarme sobre su actitud hacia estas cuestiones. En cuanto a las juventudes, quizá se dejen llevar por la exaltación de la edad, pues hace falta mucha exaltación (y muy poca reflexión) para celebrar una efeméride del sátrapa georgiano.
      Un saludo.

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    7. No me cabe duda de que si España hubiese entrado oficialmente en la Segunda Guerra Mundial, obviamente del lado del Eje, las tropas alemanas habrían acabado pisando nuestro país y tras ellas habrían llegado las deportaciones de judíos. De hecho, el régimen franquista llegó a elaborar una lista de 6.000 judíos españoles.

      En cuanto al PCE, no sé si en tiempos del eurocomunismo llegó a abjurar de Lenin, porque Carrillo afirmó que a pesar de todo seguían fieles a su herencia, pero está claro que hoy le continúa rindiendo honores. Esperemos que la actual polarización política no le haga también terminar reivindicando a Koba de forma tan explícita como ya hacen las juventudes del partido.

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  9. Con todo, un partido comunista que pretendiese desvincularse de la Revolución de Octubre sería algo tan extraño como una iglesia cristiana que renegase de la Historia Sagrada.

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    1. Cierto. Por eso la insistencia de algún dirigente político actual en identificar comunismo con democracia se me antoja un poco como la cuadratura del círculo.

      Un saludo.

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  10. Una vez más, planteo la cuestión del significado de las palabras. Si por "comunismo" queremos decir "estalinismo", entonces su carácter antidemocrático resulta evidente. Por el contrario, si de lo que estamos hablando es de la socialización de los medios de producción, el comunismo (o el socialismo) parece un requisito indispensable para dotar de contenido real a la democracia.
    Un saludo.

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    1. Por comunismo entiendo el marxismo-leninismo, que creo que ha sido su acepción mayoritaria y cuyo carácter antidemocrático desde luego me resulta evidente. Por otro lado no veo qué contenido ha proporcionado el colectivismo a la democracia. La socialdemocracia desde luego que ha sido fundamental, pero no hay que olvidar que se enmarca en una economía capitalista.

      Un saludo.

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    2. Lo cierto es que en distintos países y épocas ha habido organizaciones autodefinidas como marxistas-leninistas que han participado con normalidad en la vida política, llegando en ocasiones al poder (casi siempre a nivel local y regional).
      Desde luego, el colectivismo poco ha aportado a la democracia, sobre todo porque no ha dominado la economía de ningún país. En cambio, el capitalismo ha socavado sistemáticamente la democracia, al ahondar las diferencias dentro de las sociedades (y, dicho sea de paso, entre las naciones). En cuanto a la socialdemocracia, no parece haber tenido mucho éxito en su pretensión de "leal gestor del capitalismo" (parafraseando a Léon Blum).
      Un saludo.

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    3. Bueno, también hay ejemplos de partidos de extrema derecha que participan con normalidad en la vida política, llegando en ocasiones al poder a nivel local, regional y nacional. Quizá la moda de instaurar dictaduras haya pasado, aunque en mi opinión el peligro de la aparición de regímenes híbridos que vayan deslizándose poco a poco hacia un mayor autoritarismo sigue ahí, y puede venir de ambos extremos. En Europa tenemos ahora mismo los ejemplos de Polonia y Hungría, dejando aparte casos como los de Bielorrusia o la propia Rusia, que perdieron la oportunidad de convertirse en democracias tras la caída del comunismo (en todo caso parece que el autoritarismo sigue siendo un serio problema en Europa del este). En América, una vez desalojado Trump del poder, quedan tres regímenes autoritarios y todos son de izquierdas: Venezuela, Cuba y Nicaragua.

      Quizá para que los marxistas-leninistas instauraran sus dictaduras necesitaran una ayudita del Ejército Rojo, pues lo habitual era que allá por donde este pasaba, los comunistas locales se hicieran con el poder y gobernaran sin complejos y sin asomo de democracia. Por cierto, eso de que el colectivismo no ha dominado la economía de ningún país habría que decírselo a los millones de personas que padecieron las criminales colectivizaciones en la URSS o la China de Mao, por ejemplo. Y es que hoy quedan pocos Estados socialistas, pero en el siglo XX los hubo para aburrir y en todos ellos la economía fue desastrosa. El capitalismo en mi opinión va íntimamente ligado a la libertad, que es una de las bases de la democracia. Supongo que por eso todas las democracias lo tienen siempre como sistema económico.

      Un saludo.

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  11. Desconozco ejemplos de partidos fascistas (término predilecto de las comparaciones liberales) que hayan tenido la relevancia institucional de los comunistas en regímenes pluripartidistas estables. ¿El MSI? ¿Amanecer Dorado? En un concepto tan vago como "extrema derecha", por otra parte, bien podrían entrar amplios sectores de partidos "respetables" como el republicano de los EE UU o el conservador del Reino Unido.
    Con respecto a América Latina, no me consta que ni el PSUV ni el FSLN sean marxistas-leninistas (ya que sobre esta ideología estábamos hablando) ni que se haya proclamado la "dictadura del proletariado" en Venezuela o Nicaragua. Por contraste, cabe preguntarse si, por ejemplo, la Colombia de los escuadrones de la muerte representan un modelo de virtud democrática.
    Sin movernos de la región, los chilenos, que durante el último medio siglo han saboreado la mieles del capitalismo más descarnado, acaban de impugnarlo con rotundidad, y para ello muchos votantes han confiado en el PC (que también se ha hecho con varias alcadías importantes).
    Por cierto que la URSS no tuvo el monopolio de la instauración de gobiernos amigos "manu militari". Y, desde luego, su modelo económico (y el del "socialismo real" en general) no se basaba en el colectivismo (al menos si se entiende por tal el socialismo), sino en el estatalismo, que es algo muy diferente.
    Finalmente, el capitalismo descansa en la privación de libertad de la mayoría desposeída, que es lo que implica la propiedad privada de los medios de producción. En lo tocante a su relación con la democracia, sería interesante aclarar cómo (¿acaso por arte de magia?) la desigualdad social engendrada por el capitalismo puede transformarse en igualdad política.

    Un saludo.

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    1. Cuando hablaba de "ejemplos de partidos de extrema derecha que participan con normalidad en la vida política, llegando en ocasiones al poder a nivel local, regional y nacional" no creo que ninguno de ellos sea realmente fascista, yo más bien los calificaría, por usar un término más acorde a los tiempos que corren, de nacionalpopulistas. Y efectivamente se puede citar entre ellos al Frente Nacional en Francia, Alianza Nacional y la Liga Norte en Italia, el Partido de la Libertad en Austria, Alianza por Brasil -el partido de Bolsonaro- e incluso metería ahí al propio Trump, ejemplo a seguir por Vox. E insisto, diría que el peligro hoy no es tanto que algún partido tome el poder de la forma que sea e instaure rápidamente una dictadura, sino que una democracia dé paso a un régimen híbrido y este a uno autoritario. Ese riesgo, en mi opinión, puede provenir de ambos extremos del espectro político, y por eso hacía notar que los tres regímenes autoritarios que existen hoy en el continente americano son de izquierdas. No he dicho que fueran marxistas-leninistas, aunque cuentan con las simpatías de los partidos de dicha ideología que quedan por el mundo (incluyendo los españoles). De hecho el FSLN creo que sí fue marxista durante un tiempo, aunque ahora diría que simplemente es populista de izquierdas.

      El Estatismo, que la RAE define como "tendencia que exalta el poder y la preeminencia del Estado sobre las demás entidades sociales", podría aplicarse a cualquier dictadura, creo yo. En cambio es en los Estados socialistas donde se han colectivizado todos o al menos la mayoría de los medios de producción.

      En cuanto a "la privación de libertad de la mayoría desposeída", cualquiera diría que se refería a los países comunistas ;)

      Un saludo.

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  12. No hay ningún motivo claro para pensar que los Le Pen, Salvini Trump y compañía alberguen la intención de instaurar una dictadura abierta, a la manera del período de entreguerras. Los costes serían demasiado altos para los posibles resultados. Al fin y al cabo, pueden lograr sus fines dentro del sistema porque pertenecen a él, a pesar de toda su retórica radical. La experiencia observable de este tipo de gobiernos muestra que su propósito es hacer frente a la crisis del sistema por la vía de ensañarse con los más débiles (los inmigrantes, aquellos que no pueden permitirse un seguro médico privado, las mujeres que no pueden viajar al extranjero para abortar, etc.). Sólo recurirían a la dictadura abierta si percibiesen un verdadero desafío al sistema, cosa que en Occidente brilla por su ausencia. En la UE tenemos el ejemplo del gobierno de Orban, uno de los más longevos del continente, cuyas pulsiones reaccionarias no parecen inquietar mucho a Bruselas. En el único caso de gobierno de la izquierda "populista" en la UE, el de la Grecia de Syriza, por el contrario, el "establishment" europeo se mostró implacable (por cierto que, hasta donde sé, Syriza no se dedicó a propagar el odio a los inmigrantes, los homosexuales, etc., lo cual convendría recordar a los que se precian de "equidistantes").
    Desde luego, los gobiernos cubano, nicaragüense y venezolano merecen muchas críticas, pero no parece que sean más brutales y corruptos que bastiones de la derecha en la región como Colombia, Chile, Perú o, hasta hace poco, México. Claro que los medios de comunicación españoles no son de la misma opinión.
    Efectivamente, el FSLN se autodefinía como marxista en la época en que luchaba contra el somozismo y sus padrinos norteamericanos, paladines ambos del libre mercado, la democracia y, sobre todo, los derechos humanos.
    Que la izquierda de España y otros países apoye más o menos a gobiernos que se separen del "consenso de Washington" parece razonable. De jalear a los Uribe y Piñera ya se encargan los partidos "de orden".
    Desde luego, no cualquier dictadura se dedica a la estatización de la economía: Argentina, Chile o Uruguay ofrecen ejemplos muy ilustrativos de militares dispuestos a privatizar, desregular, etc.
    Para apreciar la diferencia entre estatismo y colectivismo en economía, bien vale el caso de la propiedad pública en los países capitalistas, antaño bastante extendida. Cuando el gobierno español nacionalizó Bankia, ¿asistimos a una colectivización? Desde luego, las pérdidas fueron socializadas, pero ésta es la única socialización que se puede esperar en este sistema.
    Para terminar, existe una pequeña contradicción al afirmarse simultáneamente que: 1. "en los Estados socialistas se han colectivizado los medios de producción"; y 2. "en los países comunistas la mayoría está desposeída". Si, efectivamente, hubiese habido una colectivización de la economía, los medios de producción habrían sido una propiedad colectiva, con lo cual no tendría sentido hablar de una "mayoría desposeída". En los países del socialismo real, la propiedad privada de los medios de producción estaba (teóricamente) abolida, pero es cierto que la gran mayoría carecía de control alguno sobre ellos. Los administradores de dichos medios, es decir, los "apparatchiks" (vamos a llamarlos así) gozaban de una capacidad de decisión (sobre inversiones, por ejemplo) que, en la práctica, equivalía a la propiedad, la cual ejercían en su calidad de (presuntos) servidores públicos y los convertía en una verdadera clase dominante. Por esta razón se puede hablar de una economía "estatizada".

    Un saludo.

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    1. Cuando digo que los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua son las tres dictaduras que quedan en América no me guío por la opinión de los medios españoles, sino por la de la organización no gubernamental HRW y por los índices de democracia de The Economist y Freedom House.

      Las políticas neoliberales implementadas en Chile y otros países latinoamericanos a partir de los años setenta, y sobre todo de los ochenta, no creo que guarden mucha relación con las dictaduras, sino más bien con la creciente hegemonía estadounidense conforme la Guerra Fría se acercaba a su fin. De hecho las dictaduras sostenidas por Estados Unidos, como las de Chile, Paraguay o Sudáfrica, cayeron coincidiendo con el final de la Guerra Fría -no creo que por casualidad- pero el neoliberalismo continuó avanzando viento en popa y a toda vela, e incluso terminó implementado en países que habían tenido una economía marxista, independientemente de que siguieran siendo o no dictaduras. En dictaduras más añejas y no precisamente muy comunistas, como la nazi, la fascista o la franquista en sus primeros años, la economía estaba dirigida por el Estado. Finalmente, que en los numerosos países comunistas la propiedad privada de los medios de producción estuviera (teóricamente) abolida, pero sin que la gran mayoría ejerciera control alguno sobre ellos, para mí solo demuestra una cosa: el fracaso del comunismo.

      Un saludo.

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    2. Por algún motivo, las organizaciones y los medios anglosajones tienden a alinearse con la política exterior de Washington (y Londres); en este caso, a la hora de expedir certificados de democracia.
      Precisamente, una de las razones, y de las más importantes, de la interrupción del orden constitucional en Uruguay, Chile y Argentina en la década de los 70 fue el propósito de implantar medidas de corte "neoliberal".De hecho, la dictadura autodenominada "Revolución Argentina" (1966-1973) ya había dado pasos en esta dirección. Desde luego, la coyuntura política mundial no fue ajena al regreso a la normalidad constitucional en estos países a lo largo de la década de los 80, pero no fue ni mucho menos el único factor, y no necesariamente el principal. La propia coyuntura regional y, sobre todo, los conflictos internos explican también la caída de la junta argentina (en 1983, mientras que Reagan lanzaba su "guerra de las galaxias", siendo líder soviético el "duro" Yuri Andropov) y, en una especie de "efecto dominó" (y en este contexto del Cono Sur), el inicio de las sucesivas transiciones de Uruguay (1984), Chile (1988) y Paraguay (1989), cuando aún no había caído el Muro de Berlín. En el caso también citado de la Sudáfrica del "apartheid" no se puede discutir la relevancia de la Guerra Fría: el fracaso de Pretoria en Angola ante los "malvados" cubanos contribuyó no poco al fin del mencionado régimen del "apartheid".
      Ni el intervencionismo económico ni el "laissez faire" son privativos de un tipo de régimen u otro. Tras el "crac" de 1929, muchos países dieron un giro a su política económica. La Italia de Mussolini abandonó su "laissez faire" inicial, y los EE UU adoptaron, como es sabido, el New Deal. Por cierto que, en el caso norteamericano, al igual que en del III Reich, fue el esfuerzo de guerra el que disipó finalmente la recesión. Tras la guerra, la existencia de un fuerte sector público y de estrictas regulaciones económicas no fue rara en las grandes potencias capitalistas.
      No puedo estar más de acuerdo en que las políticas económicas de raíz "estaliniana" fracasaron en su pretensión de construir el socialismo (suponiendo que verdaderamente lo pretendiesen, lo cual es discutible).

      Un saludo.

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  13. Recientemente encontré y me parece interesante alunas publicaciones, quería compartirte un libro títulado "The Nazis Go Underground", escrito por el periodista alemán Curt Martin Riess; el libro narra sobre los planes los altos mandos alemanes para permanecer en la clandestinidad y continuar con sus planes. Te dejo el enlace:
    https://www.spitfirelist.com/books/undergrnd.pdf?fbclid=IwAR0Ma74LUo0fbzgtBtiAwT1REC3A0vsf5lnzx1CmdkqIw-xRjp2RP9bJPX8

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    1. Muchas gracias, le echaré un vistazo. De primeras me recuerda al tema de la guerrilla Werwolf.

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    2. No hay de que, espero que te agrade el libro ya que este periodista estaba adelantado a su tiempo. Puede que suene algo paranoico, pero creo que lo que escribió Riess tuvo algo de sentido; aquí te dejo otro enlace, es sobre el atentado ocurrido en la Ciudad de Oklahoma en 1995:https://libertarianinstitute.org/documents/MAG-1997_11-Soldier_of_Fortune-Prior_Knowledge_by_Roger_Charles.pdf

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