martes, 25 de noviembre de 2014

De cómo Hitler se hizo nazi (II)


Antes de nada, hay que tener en cuenta que existe una primera parte.




El 3 de mayo de 1919, bajo la dirección del ministro de Defensa alemán, el socialdemócrata Gustav Noske, unidades militares regulares, milicias y Freikorps derrotaron a los comunistas en Múnich y desataron una ola de violencia tras los combates que provocó la muerte de cientos de personas.

Leviné fue ejecutado por alta traición.





Evidentemente todos estos hechos contribuyeron a radicalizar a los alemanes y, sobre todo, a los bávaros. No es casualidad por tanto que el nazismo empezara cobrando fuerza en Múnich. Como apunta Weber, "la existencia de la República Soviética de Múnich fue una conditio sine qua non de la creciente respetabilidad de los grupos protofascistas en Múnich en la primavera de 1919", aclarando, eso sí, que esto "no elimina la responsablidad por los ulteriores acontecimientos de los grupos de la derecha radical y sus partidarios".

Aunque los primeros orígenes del fascismo y del nazismo hay que buscarlos antes de la Primera Guerra Mundial (y por tanto de la Revolución Bolchevique), fueron hechos como los de Baviera en 1919 los que hicieron que los grupos extremistas de derechas "se convirtieran en una fuerza política seria en la medida en que la gente los veía como un baluarte contra el comunismo, sin que le preocupara demasiado cuáles eran los verdaderos objetivos del fascismo". Las experiencias del comunismo en Rusia, Hungría y Baviera eran reales, mientras que los horrores del Tercer Reich aún pertenecían al futuro.

No hay que olvidar que quienes ordenaron acabar con los comunistas en Alemania en 1919 para proteger la democracia fueron los socialdemócratas, lo que tuvo como consecuencia que la paranoia de la extrema derecha sobre el bolchevismo pareciera menos exagerada.

Además, hizo su aparición el antisemitismo radical defendido por la extrema derecha, la cual presentaba a los gobiernos comunistas como el resultado de una trama judía internacional. Se basaban en el hecho de que algunos líderes revolucionarios de la época fueran de origen judío: Trotsky, Zinoviev y Kamenev en Rusia, Béla Kun en Hungría, o Rosa Luxemburg, Eisner y Leviné en Alemania. Poco importaba, sin embargo, que la gran mayoría de los judíos alemanes no simpatizase con el comunismo, que hubiera habido judíos entre los voluntarios de los Freikorps y que incluso uno de los rehenes ejecutados por los comunistas en Múnich fuera asimismo judío.

Con todo, en la Alemania de la posguerra hubo relativamente pocos casos de violencia contra los judíos. Esta se extendería por Alemania con los nazis ya en el poder.

Durante los combates en Baviera en la primavera de 1919, seguramente hubo veteranos del Regimiento List en ambos bandos, aunque los que apoyaron al gobierno revolucionario fueron con toda probabilidad muy pocos. Sin embargo, conocemos el nombre de por lo menos uno de estos últimos: Adolf Hitler.

¿Por qué Hitler, que en Mein Kampf describió con todo lujo de detalles otras épocas de su vida, pasó a toda velocidad sobre los primeros cinco meses siguientes a su regreso a Baviera? Evidentemente tenía muchas cosas que ocultar.

En la primavera de 1919, como militar acuartelado en Múnich, Hitler sirvió a un gobierno al que más tarde tacharía de traidor, criminal y judío. Y no lo hizo a escondidas.

Una orden rutinaria del batallón de desmovilización del 3 de abril de 1919 mencionaba a Hitler como el representante de su compañía (Vertrauensmann). Probablemente ostentaba ese cargo desde el 15 de febrero. Los deberes de los representantes incluían la cooperación con el departamento de propaganda del gobierno socialista con objeto de transmitir a la tropa material "educativo". Así pues, la primera tarea política que desempeñó Hitler en su vida no fue en mayo de 1919, como él escribió, sino unos meses antes al servicio de un régimen revolucionario.

En la película que se ha conservado del funeral de Eisner se ve a Hitler, con varios hombres de su unidad y prisioneros rusos liberados, caminando tras el féretro en el cortejo fúnebre del líder bávaro. También aparece en una fotografía de dicho funeral (una fotografía que, igual que otras que aparecen en este artículo, fue tomada por Heinrich Hoffmann, futuro amigo y fotógrafo personal de Adolf Hitler).



Sí, el de la flechita


No deja de ser llamativo contemplar a Hitler en el funeral de un líder judío de izquierdas asesinado por un ultraderechista.

El 14 de abril, al día siguiente de que se proclamase la república comunista, los consejos de soldados de Múnich decidieron convocar nuevas elecciones de representantes para garantizar que la guarnición se mantuviese leal al nuevo régimen. Las elecciones se celebraron al día siguiente y Hitler fue elegido segundo representante del consejo de soldados de su unidad, el batallón de reserva del 2º Regimiento de Infantería. Es decir, que Adolf Hitler fue elegido segundo representante de un sóviet comunista. Su cometido era servir de enlace con el departamento de propaganda del nuevo gobierno.

Obviamente nadie le había obligado a presentarse para ese puesto.

Resulta gracioso pensar en qué sería lo que más fastidiaría a Hitler en los años posteriores cuando recordase ese episodio: si haber sido un representante comunista o haberse quedado en el segundo puesto.

En Mein Kampf Hitler afirma que, a finales de abril, su comportamiento le había granjeado la hostilidad del "Consejo Central" del gobierno comunista, de forma que este ordenó su detención, cosa que evitó él mismo armado de una carabina. Lo más probable es que esto sea una versión retocada de su detención por las tropas anticomunistas que entraron en Múnich en esas fechas.

En fin, que no tiene nada de extraño que Hitler prefiriera ocultar más tarde sus actividades durante ese periodo.

Ya en los años veinte y treinta surgieron rumores nunca confirmados de que Hitler había simpatizado con el SPD durante la revolución. Él mismo llegó a comentar en 1921, por lo visto, que "todo el mundo ha sido socialdemócrata en una época". También se ha llegado a defender que en realidad actuó de tal forma para ocultar sus auténticas convicciones contrarrevolucionarias. Para Thomas Weber todas estas explicaciones "son insatisfactorias".

Si Hitler estaba intentando desde su puesto socavar las actividades del gobierno revolucionario, ¿por qué no se vanaglorió de ello en Mein Kampf en vez de guardar silencio sobre ese periodo?

Si ya era un pangermanista antisocialista al acabar la guerra, ¿por qué no se enroló en los Freikorps? Si era antisemita, ¿por qué no ingresó tampoco en la Sociedad Thule, que había inspirado el asesinato de Eisner y que estaba llena de futuros líderes nacionalsocialistas, como Alfred Rosenberg, Rudolf Hess o Hans Frank, y en su lugar escogió mostrar públicamente su apoyo a Eisner?

¿Por qué no denunció a sus superiores a los marineros revolucionarios que llegaron al hospital de Pasewalk en noviembre de 1918?

¿Por qué se presentó a las elecciones de representantes de los consejos de soldados, y fue elegido hasta en dos ocasiones?

Su camarada Ernst Schmidt abandonó el Ejército durante el periodo de la República Soviética. Hitler podía haber hecho lo mismo, pero en cambio prefirió estar al servicio de un gobierno revolucionario.

Si era anticomunista, ¿por qué no participó en la liberación de Múnich?

Su futuro rival dentro del nazismo, Otto Strasser, que sí formó parte de los Freikorps que entraron en la ciudad, preguntaría publicamente más tarde: "¿Dónde estaba Hitler aquel día? ¿En qué rincón de Múnich se escondía el soldado que hubiese debido luchar en nuestras filas?".

Quizá en aquel periodo no tuviera una ideología clara. Según Weber, "estaba confuso y su vida podría haber tomado distintas direcciones". Quizá actuó así por oportunismo, para poder permanecer en el Ejército simplemente porque no tenía otra cosa que hacer. Desde luego, lo que no era Hitler en aquellos meses era el pangermanista antisocialista, antisemita e hipernacionalista en que se convirtió después. Sí sabemos que era antimonárquico y que había defendido la sociedad sin clases. Desde ese punto de vista, no es de extrañar que se pusiera al servicio de un gobierno de izquierdas, incluso de un gobierno comunista.

En cualquier caso, ya fuera por convicción, confusión u oportunismo, a la pregunta ¿fue Hitler de izquierdas en algún momento de su vida? tenemos que responder un sí rotundo, al menos en la práctica y durante unos meses.

Tampoco supone una excepción. Josef "Sepp" Dietrich, más tarde jefe del Leibstandarte SS Adolf Hitler y general de las SS, fue presidente de un consejo de soldados en noviembre de 1918, antes de enrolarse en los Freikorps. Julius Schreck, primer jefe de las SS y chófer de Hitler, perteneció al "Ejército Rojo" bávaro. Hermann Esser, uno de los primeros partidarios de Hitler y primer jefe de propaganda del NSDAP, trabajó durante un tiempo en un periódico socialdemócrata. Gottfried Feder, cuyas ideas sobre la "esclavitud de los intereses del dinero" y el "capitalismo judío" subyugaron la imaginación de Hitler en el verano de 1919 e influyeron sobre el programa del Partido Nazi, simpatizó con Kurt Eisner. Y Balthasar Brandmayer, camarada de guerra de Hitler y después ferviente seguidor suyo, recibió con alegría el fin de la monarquía en 1918, aunque más tarde se desengañó.

Después de la derrota comunista, Hitler se preocupó de que no quedaran huellas de sus vivencias en los meses anteriores y se convirtió en informante del Ejército. Su misión era entrevistar (investigar) a los miembros de su unidad sobre su participación en la República Soviética. No sabemos si se le dio a elegir entre delatar a sus antiguos compañeros o ser represaliado él mismo, o si se prestó a ello de forma voluntaria tras preparar una historia de cómo había ocultado sus verdaderas convicciones bajo el régimen revolucionario. En cualquier caso, dicha tarea le permitió continuar más aún en el Ejército. Y fue también lo que le introdujo en los meses siguientes en la extrema derecha.

Múnich permaneció bajo control militar hasta finales de agosto de 1919. Enseguida se consideró una prioridad "educar" a la tropa desde un punto de vista antibolchevique, así que se organizaron cursos en ese sentido. El encargado de los mismos fue el capitán Karl Mayr, que tenía ideas de extrema derecha.

Mayr conoció a Hitler en mayo de 1919. Según escribió mucho después, "era como un perro perdido y cansado buscando un amo" y estaba "dispuesto a unir su suerte a cualquiera que mostrase bondad con él... No le preocupaban lo más mínimo ni el pueblo alemán ni su destino".

Mayr se convirtió en el primero de los patrocinadores que tendría Hitler. Este siguió uno de sus cursos antibolcheviques en junio. Fue la primera vez que recibió una educación política directa. Ahí conoció a Gottfried Feder, pangermanista, miembro de la Sociedad Thule y especialista en economía, que le dio una charla. Bajo la influencia de las ideas de Feder sobre los efectos perniciosos del "capitalismo judio", seguramente fue entonces cuando en la mente de Hitler empezó a configurarse una ideología que combinaba elementos de izquierda y derecha, colectivismo y nacionalismo. Y también comenzó a hacerse antisemita.


Gottfried Feder


Algo en Hitler impresionó a Mayr, porque empezó a trabajar en su departamento de propaganda: resultaba que el futuro Führer sabía hablar a la gente. En muy poco tiempo, Adolf pasó de realizar tareas de propaganda para la extrema izquierda a hacerlo para la extrema derecha. En aquel verano se le encargó empezar a dar charlas antibolcheviques en un curso similiar al que él había seguido. El alumno se había convertido en instructor.

En septiembre, un antiguo participante en los cursos antibolcheviques, Adolf Gemlich, pidió a Mayr por carta que le aclarase la "cuestión judía" desde el punto de vista político. Éste encargó a Hitler que redactara una respuesta, quien lo hizo muy gustosamente.

En su carta, Hitler empezaba diciendo que los judíos representaban un peligro para su pueblo. Añadía que "el antisemitismo como movimiento político no debe ni puede guiarse por emociones, sino por el reconocimiento de los hechos. Y el hecho es que el judaísmo es una raza, no una comunidad religiosa". Los judíos seguían sintiéndose judíos independientemente del país en que vivieran, y sólo reconocían la "majestad del dinero", decía. "Su poder es el poder del dinero", continuaba, y buscaban "satisfacer su lujuria por el oro y la dominación".

Los tachaba de "tuberculosis racial de las naciones".

Seguía diciendo que el antisemitismo basado en las emociones producía pogromos. El antisemitismo basado en la "razón", sin embargo, debía en primer lugar eliminar los privilegios de los judíos, y su objetivo final tenía que ser la "eliminación definitiva" de estos. Y para ello hacía falta un gobierno fuertemente nacionalista.




Por esas fechas, el trabajo de Hitler en el departamento de Mayr incluía vigilar las actividades de los grupos políticos minoritarios, que iban de la extrema derecha a la extrema izquierda. El 12 de septiembre, Hitler recibió el encargo de informar sobre una asamblea del Partido de los Trabajadores Alemanes (DAP), una formación ultranacionalista cuyas ideas se oponían tanto al capitalismo como al comunismo, que había sido fundada por un cerrajero ferroviario llamado Anton Drexler en enero de 1919. Drexler pertenecía a la Sociedad Thule.



El día en que Hitler acudió a la reunión del DAP, daba una charla Gottfried Feder, su mentor, que era también uno de los fundadores del partido.  A los pocos días Adolf ingresó en la organización.

En febrero de 1920 el partido cambió su nombre por el de Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP).

Hitler por fin había encontrado un trabajo y un hogar fuera del Ejército. Su viaje hacia el lado oscuro había concluido.


Hitler en 1919


Nota. La evolución política de Karl Mayr, el primero de los patrocinadores de Hitler, fue a la inversa: de la extrema derecha pasó a la milicia socialdemócrata Reichsbanner convirtiéndose en opositor a Hitler. En 1933 huyó a Francia, pero terminó siendo capturado por los nazis. Murió en el campo de concentración de Buchenwald en 1945.


Resumen y conclusiones:

Vamos a tratar de resumir y explicar todo este ladrillo. Antes de la Primera Guerra Mundial, Hitler era un fracasado y un muerto de hambre, y fueron la guerra y el Ejército quienes lo salvaron. Por eso, en noviembre de 1918 debió de asustarse mucho. Pero no por el futuro de Alemania, la derrota, la revolución y los judíos, como él da a entender en Mein Kampf, sino porque se veía de nuevo en la calle, sin trabajo y sin casa. Volvió a Múnich, donde estaba su unidad, y se las arregló para continuar en el Ejército ofreciéndose voluntario para lo que fuera. Mientras tanto, había estallado una revolución en Alemania que fue aplastada en casi todo el país, pero en Baviera los revolucionarios, con Kurt Eisner al frente, se hicieron con el poder. Y Hitler se puso a su servicio. En enero de 1919 hubo unas elecciones cuyos resultados mostraron que los alemanes, y sobre todo los bávaros, continuaban apoyando mayoritariamente a los mismos partidos que antes de la guerra, lo que demuestra a su vez que esta no había influido apenas en sus opiniones políticas. Esos partidos defendían la instauración de una república parlamentaria, o sea, burguesa, salvo el Partido del Pueblo Bávaro, que continuaba siendo monárquico. Pero Eisner fue asesinado justo antes de dimitir, los revolucionarios bávaros se negaron a entregar el poder y los comunistas terminaron apropiándoselo por la fuerza pasando olímpicamente de los resultados electorales y proclamando la dictadura del proletariado. El Gobierno legítimo de Baviera trató de recuperar Múnich, pero los comunistas lo derrotaron militarmente. Había una guerra civil y Baviera corría el peligro de convertirse en una segunda Rusia. Por su parte, Hitler, siguió en su línea y se puso al servicio de la República Soviética, fue elegido por dos veces representante de un sóviet y se le encargaron tareas de propaganda: es de suponer que por entonces ya se le daba bien lo de hablar en público. Quizá lo hizo por oportunismo, para seguir inmerso en la misma red social en la que llevaba desde el fin de la guerra, pero también podía haberse alistado en los Freikorps que se estaban reclutando para recuperar Baviera. Nadie le obligó a ponerse al servicio de los revolucionarios. De lo que no cabe duda es que aquellas primeras tareas políticas algo tuvieron que influir en su pensamiento político. Al fin y al cabo fueron eso, las primeras tareas políticas de su vida.

Cuando la República Soviética de Baviera fue aplastada, a primeros de mayo, las paranoias de la extrema derecha sobre el peligro judeobolchevique parecían menos exageradas. Sus voceros empezaron a ser escuchados, cosa que no pasaba unos pocos meses atrás.

Hitler fue hecho prisionero pero se las arregló para convencer a sus captores de que él no había tenido nada que ver con los comunistas. A pesar de eso, tuvo que seguir un curso de reeducación anticomunista en el que conoció a un economista llamado Gottfried Feder, que defendía los valores nacionales germanos a la vez que echaba la culpa de todos los males del mundo al "capitalismo judío". Era anticomunista, anticapitalista y antisemita. Defendía un "socialismo nacional alemán", y eso le encantó a Hitler. Tanto que en septiembre se metió en su partido, el DAP, dentro del cual Feder pertenecía al ala izquierda. Podríamos decir entonces que Hitler fue de izquierdas -o estuvo al servicio de la izquierda- inmediatamente antes de convertirse al nazismo.

No hay que confundir nacionalsocialismo con hitlerismo, no son lo mismo. El nacionalsocialismo ya existía desde mucho antes de que Hitler formara parte de él, lo que pasa es que no tenía muchos seguidores. Hitler fue indispensable para que el nazismo llegase al poder y a su máxima expresión, pero no lo inventó.

El nacionalsocialismo era un popurrí de ideas (ultranacionalismo, socialismo no marxista, antisemitismo, darwinismo social, movimiento völkisch) cuyos orígenes hay que buscarlos a inicios del siglo XX, o incluso a finales del XIX, y cuyos objetivos eran apartar a los trabajadores industriales germanos de la lucha de clases e integrarlos como los pilares de la nación alemana. El Partido Alemán de los Sudetes (SdP), que llegó en 1935 a ser la formación política más votada de Checoslovaquia -nada menos-, y que en 1938 pasó a formar parte del Partido Nazi, se formó en 1903 bajo el nombre precisamente de Partido de los Trabajadores Alemanes (DAP). De aquí saldría también en el futuro el Partido Nazi austriaco. Este DAP, que fue distinto del DAP en el que se metió Hitler, cambió su nombre en 1918 por el de Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores (DNSAP). A estas alturas el DAP alemán todavía no existía.

En Alemania el DAP se formó después de la guerra patrocinado por la Sociedad Thule, que era un grupo de extremistas preocupados por la raza germánica, el comunismo y el judaísmo. Como ocurre siempre en todas las formaciones políticas, dentro del nacionalsocialismo había una tendencia más "obrerista", anticapitalista o de "izquierdas", y otra más anticomunista, "burguesa", de "derechas". El tipo que fundó el Partido Nazi alemán, Anton Drexler, pertenecía a la corriente izquierdista. Era un trabajador ferroviario que decidió atraer a otros obreros alemanes hacia el nacionalsocialismo. Esta corriente "izquierdista", que predominó al principio en el DAP, no por ser "izquierdista" dejaba de ser anticomunista, claro.

Los extremistas de la Sociedad Thule y el DAP eran cuatro gatos a principios de 1919, y estaban todos en Baviera. Por supuesto había otras organizaciones similares por el resto de Alemania, pero también eran marginales. Uno de esos extremistas fue el que asesinó a Kurt Eisner, aunque no formaba parte ni de la Sociedad Thule ni del DAP, ya que no le habían dejado por ser su madre judía. El asesinato de Eisner fue algo muy triste, porque aunque hubiera gobernado sin respaldo popular, no era mal tipo. Pero el hecho no habría tenido mayor trascendencia si los comunistas no lo hubieran aprovechado para hacerse con el poder total a la fuerza imitando a Lenin. En seguida apuntaron maneras prohibiendo la libertad de expresión, requisando casas y reservas de comida, y tomando rehenes para ejecutarlos después. Para colmo, varios de los rehenes asesinados pertenecían a la Sociedad Thule, lo que contribuyó a dar fama y mártires al movimiento nacionalsocialista en Alemania, un movimiento recordemos que por entonces aún muy marginal.

Todo lo que sucedió después contribuyó mucho a radicalizar a la población, que en enero había votado mayoritariamente a partidos moderados, como ya hemos señalado. De hecho, ya en las elecciones de 1920 esos mismos partidos moderados de la Coalición de Weimar perdieron muchos votos, si bien la influencia de las draconianas condiciones impuestas por el Tratado de Versalles también tuvo mucho que ver en ello. El caso es que la República Bolchevique de Baviera dio alas a la extrema derecha, hasta entonces residual. Y también contribuyó mucho a la carrera de Hitler. Fue entonces cuando este se dio cuenta de que servía para hablar en público. Fue cuando tuvo sus primeros cargos políticos, aunque fueran modestos. Unos cargos socialistas, por cierto. Esa habilidad para camelar a la gente fue lo que le sirvió para convencer a sus captores en mayo de que estaba de su parte y de que lo pusieran a delatar a sus antiguos compañeros rojos. Y también fue lo que llamó la atención del capitán Karl Mayr, el primer patrocinador de Hitler. A su vez, Mayr tenía un poder inusitado en Múnich. La república bolchevique fue lo que hizo que se le eligiera, por sus ideas de extrema derecha, para reeducar a la tropa en un lugar recién liberado del comunismo. Los prejuicios frente al supuesto peligro judeobolchevique empezaron a extenderse por Múnich.

Mientras tanto Hitler, al que ya le habían metido en la cabeza esas ideas, conoció a Feder, que fue quien lo atrajo hacia el DAP con sus historias sobre el "capitalismo judío", como ya hemos contado. Es significativo que en la carta que escribió en septiembre de 1919 pidiendo la aniquilación de los judíos, Hitler plasmara exactamente las ideas de Feder sobre la pasión hebrea por el dinero y la dominación. Las ideas izquierdistas de Adolf (republicanismo, colectivismo) mezcladas con las que recibió en su reeducación de extrema derecha en Múnich (ultranacionalismo, anticomunismo, antisemitismo) lo convirtieron en nazi. De hecho, él no tenía nada que ver con la Sociedad Thule.

Sin la República Soviética de Baviera, Hitler no habría sido descubierto por Mayr, y por tanto habría vuelto a los márgenes de la sociedad. Habría sido un triste veterano de guerra sin más. Como dice Ian Kershaw, sin su descubrimiento de que era capaz de "hablar", no se le habría ocurrido considerar la posibilidad de ganarse la vida con la política. Y sin las condiciones que se dieron en Baviera en ese momento, Hitler no se habría encontrado con su público ni habría salido del anonimato.

Cuando ingresó en el DAP, éste no era más que un grupúsculo que no tenía ni un local permanente para las reuniones (a las que acudían sólo unas decenas de personas). Sin embargo, por un lado las ideas de extrema derecha había cobrado fuerza tras la lucha contra los comunistas, y por otro, más que importar lo que Hitler comenzó a decir en sus discursos importaba cómo lo decía, ya que al fin y al cabo el mensaje no era nuevo. Por tanto, él fue fundamental para que el partido nazi se hiciera conocido y popular. A los tres años, el NSDAP ya tenía más de 200.000 afiliados.

Hitler emplearía las ideas y el simbolismo de la izquierda de su partido (como el color rojo de la bandera nazi) para atraer a la gente, pero desde luego dejó de creer en todo ello muy pronto. De hecho, el ala izquierda del NSDAP fue quedando cada más más apartada hasta que terminó exterminada en 1934. Drexler, el fundador del partido, lo abandonó ya en los años veinte, y Feder, el hombre que había introducido a Hitler en el nazismo, quedó cada vez más marginado y suerte tuvo de no ser eliminado en la Noche de los Cuchillos Largos, el episodio que situó al nacionalsocialismo definitivamente en la extrema derecha.

El caso de Hitler no fue excepcional: hubo otros como él que pasaron de la izquierda a la extrema derecha. La trascendencia del caso que nos ocupa es que Hitler no fue un nazi cualquiera, sino que llegó a ser el jefe de todos los nazis. Y por cierto, el otro gran jefe fascista, Benito Mussolini, fue socialista durante unos cuantos años. Como Hitler, fue de izquierdas justo antes de pasarse a la extrema derecha. Y tiene su lógica, porque el fascismo, como ideología populista y con vocación de atraer a las masas, de "liberar al pueblo", nació en la izquierda. Por eso tuvo tantísimos seguidores que no eran precisamente ricos burgueses explotadores. Podríamos decir que el fascismo se originó cuando unos tipos de izquierdas se hicieron ultranacionalistas. En el caso del nazismo, se hicieron además antisemitas. De hecho, pese a que en su aplicación ulterior se aliaran con la derecha, los principios intelectuales e ideológicos de los fascismos son más socialistas que capitalistas, más obreros que burgueses. La derecha clásica y conservadora no apelaba a las masas, y defendía valores como la religión y la monarquía, que poco tenían que ver con el fascismo o el nacionalsocialismo. Otra cosa es que con el tiempo los conservadores se terminara aliando en muchos casos con el fascismo, que procedía del otro lado, para hacer frente al marxismo.

Las ideas fascistas y nazis, marginales en un principio, se hicieron respetables para la gente y tuvieron su auge debido a la Revolución Bolchevique y los intentos comunistas de imitarla en otros lugares, como Hungría y Baviera.

Decididamente, nada mejor para la convivencia pacífica que ese viejo sistema llamado democracia, que es lo verdaderamente opuesto a los extremismos, tanto de derechas como de de izquierdas.


Más información:

-Fest, Joachim, "Hitler", volumen primero (Noguer, 1974).

-Hitler, Adolf, "Mi Lucha" (Librum, 1989).

-Kershaw, Ian, "Hitler. 1889-1936" (Península, 2000).

-Reuth, Ralf Georg, "Hitler, una biografía política" (La Esfera de los Libros, 2012).

-Toland, John, "Adolf Hitler", primera parte (Cosmos, 1977).

-Weber, Thomas, "La primera guerra de Hitler" (Taurus, 2012).



6 comentarios:

  1. Muy interesante el artículo. Aunque no se cuenta muy a menudo, lo cierto es que Hitler ya desde el principio tenía bastante más gente en contra de lo que normalmente se cree. El primer intento de asesinar a Hitler fue en 1923 y solo es uno de los más de 40... Los intentos de asesinato de Hitler

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    1. Y sobrevivió a todos. Normal que pensara que la Providencia velaba por él.

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  2. El artículo está estupendo. Muy bien documentado y redactado de una manera muy correcta y a la vez muy sencilla. Gracias.

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  3. Gran artículo, felicidades!
    Deja al descubierto una faceta de Hitler que es muy poco conocida.

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    1. Poco conocida sobre todo porque durante mucho tiempo se ha aceptado, en líneas generales, la versión que el propio Hitler dio en "Mein Kampf" sobre aquel periodo de su vida. Muchas gracias :)

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