jueves, 26 de enero de 2017

Ecologismo y comunismo



Campaña china de las Cuatro Plagas


Hace unos años, José María Aznar decidió soltar una de sus míticas frases lapidarias y proclamó aquello de que el ecologismo es el nuevo comunismo. Lo que está claro es que, en general, el ecologismo es algo que le toca bastante las narices al poder, pero en esta entrada pretendo demostrar que, al menos desde el punto de vista histórico, el ecologismo en realidad tiene muy poco que ver con el comunismo.

Resulta paradójico que hoy muchos ecologistas centren sus ataques en el capitalismo, alegando que este es indefectiblemente dañino para el medio ambiente, cuando tradicionalmente han sido los regímenes comunistas los más antiecológicos del mundo con sus brutales colectivizaciones de la agricultura y sus industrializaciones forzadas (que además provocaron la muerte de millones de personas). Nada más lejos de mi intención que negar los males del capitalismo, pero una cosa no quita la otra. Así por ejemplo, la desecación y la contaminación masiva del mar de Aral comenzaron en tiempos de la Unión Soviética, y se realizaron de forma completamente intencionada.




Más. Durante la Guerra Fría, los soviéticos llevaron a cabo cientos de pruebas nucleares en la isla de Nueva Zembla, incluyendo la de la bomba del Zar, la mayor explosión provocada por el hombre de la historia. Esta actividad provocó una alta contaminación nuclear del mar de Barents, al norte de Rusia. 



Fue también en aquel mar donde, en los años sesenta, los soviéticos introdujeron el cangrejo rojo gigante para proporcionar un nuevo alimento a la población local. Aunque el animal es apreciado por su carne, como especie invasora está amenazando el ecosistema al devastar los fondos marinos de la zona, y además se está extendiendo por la costa noruega hacia el sur.



Si a comienzos de los años treinta las colectivizaciones en la URSS provocaron millones de muertos (en especial en Ucrania) y destrozaron el campo, entre 1958 y 1961 algo similar ocurrió en la China de Mao Zedong, pero peor. La versión china de la política estalinista de colectivizar (es decir, requisar la comida a los campesinos) e industrializar a marchas forzadas se llamó Gran Salto Adelante, y causó una hambruna que mató a decenas de millones de personas. Fue la mayor hambruna de la que se tiene constancia a lo largo de la historia.




Como Mao seguía el modelo del bueno de Stalin, también aplicó las teorías de un charlatán estalinista con título de ingeniero agrónomo llamado Lysenko, que defendía que la genética no era más que una mentira burguesa y que hizo encarcelar y asesinar a cientos de científicos provocando un atraso considerable en las ciencias soviéticas. Los métodos de Lysenko, impuestos a los campesinos chinos, se revelaron desastrosos y arruinaron la agricultura.


Lysenko


Centrándonos en el tema del ecologismo (o mejor dicho, del antiecologismo), dentro del despropósito general del Gran Salto Adelante podemos destacar la llamada Campaña de las Cuatro Plagas, en la que el Gobierno chino decretaba el exterminio de cuatro especies animales que consideraba letales para las cosechas: mosquitos, moscas, ratones y gorriones. Los gorriones eran los más fáciles de matar, así que se convirtieron en la principal víctima de la campaña. Según el brillante razonamiento de las autoridades chinas, como los gorriones se comían el grano de las cosechas, cuantos más se mataran más gente se podría alimentar. Se movilizó a toda la población en la guerra contra los gorriones a los que se mataba de todas las formas imaginables: con veneno, destruyendo sus nidos, por agotamiento al asustarlos para que no pudieran dejar de volar, etc. Obviamente no solo morían gorriones, también otras aves. Eso sí, en unos meses los gorriones fueron prácticamente exterminados en China.





En 1960, científicos de la Academia Nacional de Ciencias de Washington publicaron un estudio que demostraba que los gorriones se alimentaban más de insectos que de grano, pero Mao decidió ignorarlo al provenir de un país capitalista, prefiriendo aferrarse al aforismo ren ding sheng tian ("el hombre debe derrotar a la naturaleza"). No obstante, el exterminio de gorriones supuso una grave alteración del ecosistema al desequilibrar la cadena trófica. Es decir, al desaparecer los gorriones, que eran depredadores de los insectos, estos proliferaron de forma masiva. Y en especial lo hicieron las langostas, que devastaron las cosechas agravando notablemente la hambruna. Entonces Mao se dio cuenta de su error y ordenó detener la matanza de gorriones, aunque un poco tarde y sin reconocerlo.



Tratando torpemente de enmendar su error, Mao importó en secreto 200.000 gorriones de la Unión Soviética tras apelar al internacionalismo socialista, pero el daño ya estaba hecho. Desde entonces, los campesinos chinos han continuado la tradición de matar gorriones hasta el punto de que en 2001 se declaró al ave animal protegido en el país.

La población de gorriones continúa descendiendo hoy en China debido a la contaminación y los pesticidas.

En Corea del Norte se llegó a elaborar un "Plan Trienal para Castigar a los Gorriones" pero, viendo los catastróficos resultados que había dado la campaña en China, Kim Il-sung decidió no ponerlo en práctica.

Hasta los años ochenta (es decir, hasta después de la muerte de Mao), las autoridades chinas achacaban la hambruna del Gran Salto Adelante sobre todo a una serie de catástrofes naturales y, en mucha menor medida, a errores de gestión. La realidad era exactamente la contraria, pero la mentira criminal ha sido siempre inherente a los regímenes totalitarios.


Mao con Jrushchov en 1958. "Es probable que media China tenga que morir", dijo el primero en aquel mismo año.


En el siglo XX los seres humanos cazaron casi tres millones de ballenas, la mayoría en la segunda mitad de la centuria. Es quizá la mayor matanza de animales de la historia en términos de biomasa total. En 1946 se creó la Comisión Ballenera Internacional (CBI) para regular la caza y el comercio de los cetáceos, y en 1986 la CBI prohibió la caza de ballenas con algunas excepciones. Durante las cuatro décadas que van de una fecha a otra, la Unión Soviética mató más de 534.000 ballenas, pero declaró ante la CBI un número bastante inferior (¿he dicho que la mentira es inherente a los regímenes totalitarios?). Así por ejemplo, los soviéticos declararon haber cazado menos de 3.000 ballenas jorobadas en el océano Antártico cuando en realidad mataron casi 50.000, amenazando con extinguirlas. La verdad de esta siniestra historia no se ha sabido hasta fechas muy recientes.




Lo absurdo del asunto es que la URSS, al contrario que otros países balleneros como Japón o Noruega, no obtenía casi beneficios de la caza de ballenas. A menudo, en los balleneros soviéticos se separaba la grasa de los animales muertos para transformarla en aceite y se abandonaba el resto del cuerpo en el mar. Como la industria ballenera en la URSS era estatal, la caza masiva se hacía solo por aumentar la producción, no importaba si era sostenible porque daban igual los beneficios. Se trataba de cumplir los planes estatales sin más, y se premiaba a los que lograban cazar más ballenas como si fueran héroes. Y claro, hablamos de la Unión Soviética, así que también se castigaba a los perdedores, que a veces eran las mismas personas. A un tipo llamado Aleksandr Dudnik, pionero de la industria ballenera soviética, lo condecoraron en 1936 con la Orden de Lenin, y dos años después, cuando no alcanzó los objetivos de producción, lo encarcelaron acusándole de ser un agente japonés.

Para terminar, habría que añadir que el accidente de Chernóbil, ocurrido en la Unión Soviética en 1986, es junto al de Fukushima (Japón, 2011), el accidente nuclear más grave sucedido hasta ahora (y esperemos que siga siéndolo), y uno de los peores desastres medioambientales de la historia.

En resumen, los regímenes comunistas, como el de la URSS o el de China, llevaron a cabo crímenes ecológicos masivos que además eran de lo más estúpidos. De todas formas no deja de tener su lógica por lo que decía antes: la mentira constante y la huida hacia adelante siempre han formado parte intrínseca de esas dictaduras.

Y luego ya se inventó el ecosocialismo.


Más información:

-AAVV, "El libro negro del comunismo", Planeta/Espasa, 1998.

-Chang, Jung y Halliday, Jon,  "Mao, la historia desconocida", Taurus, 2006.

http://www.digitalmx.net/cuando-matar-gorriones-le-costo-la-vida-a-mas-de-20-millones-de-personas/

http://spo.nmfs.noaa.gov/mfr761-2/mfr761-21.pdf

https://psmag.com/the-most-senseless-environmental-crime-of-the-20th-century-9594972483d1#.qx0a9v6fu




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