jueves, 6 de diciembre de 2018

Lobos



Hasta el Medievo, la península ibérica estuvo cubierta de bosques que cobijaban una enorme variedad de grandes mamíferos como ciervos, corzos, jabalíes, osos, linces o lobos. Esas masas forestales se conservaban aún en los primeros tiempos de la Reconquista, pues conformaban muchas veces la ancha tierra de nadie que separaba los reinos cristianos y musulmanes. Pero después, la corona castellana fue deforestando todo el territorio a la vez que lo cristianizaba. Se roturaron millones de hectáreas de bosque para transformarlo en cultivo, y Alfonso X el Sabio (que por lo visto no lo era tanto) creó la poderosa Mesta, una agrupación gremial de pastores y ganaderos que perduró hasta el siglo XIX y cuyos ingentes rebaños necesitaban ingentes pastos. En tiempos de los Reyes Católicos la deforestación ya comenzaba a ser masiva. Obviamente esto hizo que los grandes vertebrados empezaran a escasear, permaneciendo algunos de forma estable exclusivamente en los terrenos dedicados a la caza mayor o en las cadenas montañosas. El lobo fue una excepción, pues en vista de la progresiva desaparición de los herbívoros salvajes, se sustentaba gracias a los millones de cabezas de ganado que había por toda la geografía peninsular. Pero claro, ahí empezó el interminable conflicto entre ganaderos y lobos, en el que los últimos siempre han llevado las de perder. De hecho, el lobo ibérico estuvo a punto de extinguirse hace solo cuarenta años. Afortunadamente, a partir de entonces se convirtió en especie protegida y su población comenzó a recuperarse poco a poco. Pero bueno, viendo esta noticia está claro que el ser humano es un animal que no solo no aprende de sus errores, sino que parece que le gusta repetirlos:




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