viernes, 11 de diciembre de 2015

El implante




Hace unos días, mi amiga y colega Mónica puso un implante dental en la clínica de la que soy responsable. Es el primero que se coloca en la clínica desde que soy el responsable, para ser exactos.

Parafraseando a Neil Armstrong, dicho acontecimiento es posible que ni siquiera representara un pequeño paso para la humanidad, pero para un tipo como yo fue un triple salto mortal con tirabuzón.

Y salió bien.



Tus manos




Me despierto y no me puedo levantar, como en la canción de Mecano. De hecho no me querría ni despertar, aunque ya no hay remedio. Me someto entonces a la dictadura del viejo triunvirato (trabajo, tiempo y responsabilidad) y me dirijo dando tumbos a la ducha. Tras un fugaz café me lanzo de cabeza a la apabullante rutina diaria: el tráfico, el curro, las caras agradables, las caras desagradables, las satisfacciones, las decepciones, los problemas, el estrés... Un largo y cansado día, como tantos otros. 

Pero al final las veo. Ahí siguen, tan bonitas como siempre. Veo cómo se acercan, cómo me tocan, me acarician, me cogen, me sostienen, como si fuera un niño otra vez. Me hacen sentir que todo está bien. Que todo está muy bien, mejor dicho. Y después me recorren entero y me convierten en adulto de nuevo.

Sí, tus manos.




miércoles, 25 de noviembre de 2015

Sobre la memoria histórica, la Guerra Civil y el franquismo



No hay que politizar el pasado

Andrés Trapiello


Leo en las noticias que Barcelona lidera la lucha antifranquista. No, no es un titular de 1936, sino de 2015.

Resulta que el ayuntamiento de Ada Colau apoya una querella que solicita al rey Felipe VI que responda por los crímenes del franquismo “como representante del Estado Español y continuador legítimo” de la dictadura. La verdad es que no siento la menor simpatía por el rey Felipe, pero desde luego tampoco le considero "continuador legítimo de la dictadura", ni creo que reine "gracias a los principios del Movimiento". En todo caso reinará gracias a los principios de la Constitución de 1978. Otra cosa es que el Estado se haga cargo de la reparación a las víctimas de la guerra y la dictadura, que reconozca los crímenes que se cometieron entonces, y que se preocupe de que no caigan en el olvido. Todo eso me parece perfecto, siempre que hablemos de todos los crímenes. Como escribió Andrés Trapiello en su fantástica novela Ayer no más:

"Se dirá que las víctimas de la República tuvieron ya su reparación durante el franquismo, pero no es esa la que reclaman, sino la del Estado y la de toda la sociedad, la de unos y otros, como deberían tener la del Estado y la de toda la sociedad las víctimas del franquismo, no sólo la de los partidos de izquierda".

Seguimos con la idea de que la Guerra Civil Española fue una historia de buenos y malos, lo que termina implicando que condenemos o justifiquemos unos crímenes en función del bando que los cometiera. Seguimos tratando de revisar la historia desde el poder, como han hecho los regímenes totalitarios. El golpe de julio de 1936 lo fue contra un Gobierno legalmente constituido pero, una vez iniciada la guerra, nadie defendía ya la democracia. Si se me apura, ni siquiera defendía ya nadie la República de 1931: en el bando republicano los militantes de cada organización política luchaban por sus ideas particulares, sin más. Prueba de ello es que si observamos fotos de la guerra, comprobaremos que las banderas que más abundaban entre los milicianos republicanos no eran las tricolores, sino las de cada formación política junto a sus propios lemas o siglas: estrellas, hoces y martillos, FAI, CNT, UHP, POUM, etc (véase, sin ir más lejos, la foto que encabeza esta entrada). Todo ello unido, más que por la República, por el antifascismo, que no es lo mismo. Y por eso cada dos por tres los propios republicanos se enfrentaban entre sí. Seguramente se vean muchas más banderas republicanas hoy en ciertas manifestaciones que entonces en la zona republicana, fruto del éxito que tienen en nuestro país los mitos históricos y del afán que tenemos en politizar el pasado y hacerlo servir a nuestros intereses.

Claro que hay muchas cosas que cambiar. Es una vergüenza que el Valle de los Caídos, o incluso el llamado Cementerio de los Mártires de Paracuellos de Jarama, sigan siendo santuarios franquistas. Claro que habría que remodelarlos como se hizo con el Alcázar de Toledo. Claro que hay que cambiar nombres de calles y plazas que continúan siendo un homenaje a la dictadura (más que nada porque lo dice la ley). Pero tampoco parece muy apropiado que haya vías dedicadas a personajes tan siniestros como Dolores Ibárruri o Santiago Carrillo.

Claro que hay que exhumar los restos de los enterrados en fosas comunes, pero los de todas las fosas comunes.

La propia expresión memoria histórica es inadecuada. La memoria es subjetiva, mientras que la historia debe ser objetiva. Y no se puede recordar en plural. "Los pueblos no recuerdan, recuerdan los individuos", dice Trapiello. Puede haber una conciencia colectiva, pero no una memoria colectiva.

Seguimos con la Guerra Civil enquistada, y continuaremos igual mientras unos y otros reclamen solo un reconocimiento parcial, solo a una parte de las víctimas, cuando todas las víctimas inocentes -porque no todas eran inocentes- fueron iguales, sin importar quién las asesinara. Ahí tenemos el ejemplo de Alemania, que ha padecido una dictadura nazi y otra estalinista y que reconoce a las víctimas de ambas. O el del cementerio de Arlington, en Estados Unidos, en el que están enterrados, entre otros, soldados de ambos bandos de la Guerra de Secesión. Y es un cementerio, no un lugar de propaganda. Realmente tenemos mucho que aprender de otros países.

En España hubo una guerra en la que ambos bandos cometieron crímenes. Que uno -el franquista- fuera más criminal cuantitativamente que el otro, no quita responsabilidad al segundo. El Estado actual, el democrático, debería reconocer y reparar todos los crímenes juntos, y mientras no lo haga seguiremos leyendo titulares como el de arriba, que parece más propio de la Guerra Civil que del siglo XXI.




lunes, 23 de noviembre de 2015

El milagro




-Buenas. Tengo la boca hecha un desastre, nunca me la he cuidado. Quiero que me la deje perfecta, que me dure así siempre y que sea por poco dinero. Que no me duela nada. Que no tenga que abrir mucho la boca cuando venga, que me canso. Ah, y lo antes que pueda, que no me gusta venir al dentista.
-Bueno, entonces creo que sería mejor que fuera a hablar con Dios, que yo el tema de los milagros no lo domino.




domingo, 22 de noviembre de 2015

Alejandra


 


Alejandra vino del otro lado del Atlántico hace años, con sus plantas y sus sueños.

No habla mucho, pero así nunca miente. Escucha en silencio y piensa antes de decir nada. Y luego habla bajito, de forma que solo se la oye cuando no hay ruido.

Tiene claro lo que quiere y lo que no. Tiene la cabeza bien amueblada y la casa bien llena de plantas.

A Alejandra le gustan los libros de cuentos ilustrados, las películas raras, las mezclas de colores, las exposiciones, las fotografías, Frida Kahlo, la lluvia, la cerveza, la buena comida, el café, la música brasileña, dormir, caminar, Madrid y el mar, no necesariamente en ese orden.

Y las plantas, claro.

La parte que prefiere de su cuerpo es una cicatriz que lleva en el vientre, porque dice que le salvó la vida. Y cuando era pequeña dibujaba esa cicatriz en todas sus muñecas.

Alejandra se llama como mi sobrina mayor. Ambas coinciden también en tener una bonita sonrisa y unos pómulos pronunciados.

Alejandra dice que no sabe bailar ni cantar, pero canta y baila cuando quiere.

Alejandra es algo despistada, inteligente y trabajadora, tranquila y paciente, discreta y cariñosa, dulce y detallista, se ríe con facilidad y no deja que le afecten los problemas del pasado, del presente o del futuro.

Alejandra hace que uno se reconcilie con el mundo.

Alejandra es, en definitiva, un regalo.




jueves, 19 de noviembre de 2015

Ah, que hay una guerra en Siria




Voy a ejercer de experto en política internacional, que está muy de moda. Ea.

A inicios de 2011, en el marco de la Primavera Árabe, estallaron revueltas contra la dictadura de Bashar al-Asad, en Siria. Durante meses, los manifestantes salieron a las calles una y otra vez, de forma pertinaz, mientras eran masacrados, detenidos o torturados en masa por la policía y el ejército. A la vez que esto ocurría, Occidente y la ONU protestaban enérgicamente. En el verano de aquel año, las protestas se fueron transformando en guerra civil cuando una parte del ejército sirio decidió que no quería seguir aniquilando civiles y se volvió contra el dictador. Occidente seguía a su bola.



En 2012 las fuerzas de Al-Asad perpetraron masacres como la de Homs o la de Hula, en las que fueron asesinados cientos de personas. Mientras Occidente protestaba otra vez, Rusia y China se revelaban como los grandes aliados del régimen sirio al vetar varias resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU en su contra. La única base militar que mantiene Rusia desde la Guerra Fría fuera de sus fronteras, la de Tartus, está precisamente en Siria. Este es el motivo de que los rusos hayan apoyado y suministrado armas a Al-Asad hasta ahora sin ningún complejo.



A todo lo anterior había que sumar ya el número incesante de refugiados sirios que huían de la guerra: más de 600.000 a comienzos de 2013 y subiendo.

En el verano de 2013, después de más de dos años de matanzas, de más de 100.000 muertos y de casi dos millones de refugiados, parecía que Al-Asad había ganado la partida. La falta de apoyos a los rebeldes y la pasividad internacional frente a la guerra y las carnicerías contrastaban con la diligencia de los amigos del régimen sirio, entre los que se encontraban Irán y la organización libanesa Hezbolá, además de Rusia y China, claro. Ah, y también cierta izquierda: al fin y al cabo Al-Asad, como líder del partido Baaz, no dejaba de ser un representante del socialismo árabe, al menos para algunos (y recordemos que ese socialismo árabe, apoyado en su día de forma entusiasta por la URSS, tuvo como reacción la aparición del yihadismo).

Hasta ese momento, por lo visto, no había ocurrido nada extraordinario a ojos de Occidente que le hiciera intervenir de alguna forma en Siria, pero las cosas iban a cambiar. A partir de entonces, se sucederían cuatro acontecimientos que harían que por fin los occidentales prestaran un poco más de atención a lo que estaba pasando en esa república árabe. Son los siguientes:

-La masacre de Guta, el 13 de agosto de 2013, cometida con armas químicas.

-La aparición en la escena siria del llamado Estado Islámico de Irak y el Levante, una escisión del Frente Al-Nusra, la Al Qaeda siria.

-La llegada masiva de refugiados sirios a Europa en el verano de 2015. Por entonces, el total de huidos del país superaba ya los cuatro millones.

-Los atentados de París el 13 de noviembre de 2015, que dejaron más de 130 muertos (incluyendo a siete terroristas) y que fueron reivindicados por el Estado Islámico.

Veamos cada punto por separado.

La masacre de Guta, al sur de Damasco, produjo más de 1.400 muertos y 3.000 heridos. Un horror y un escándalo, sobre todo para las autoridades estadounidenses. Lo hipócrita del asunto es que por entonces las armas convencionales habían matado a más de 100.000 sirios, y eso no parecía preocupar mucho a Occidente. Es fácil deducir que lo que removió tantas conciencias cuando lo de Guta no fue el número de muertos, sino la forma de asesinar. Dicho de otra manera: si en Siria se asesina con armas convencionales no hay problema, pero si se asesina con armas químicas hay que hacer algo. Como ya comentamos aquí, las armas químicas son fáciles y baratas de fabricar, motivo por el que se las denomina "armas de los pobres", y a la vez son más eficaces y menos letales que las convencionales. Se las clasifica como armas de destrucción masiva, aunque sean bastante menos mortíferas que las nucleares y produzcan menos muertes que las convencionales. El problema que tienen los yanquis y sus acólitos con estas armas radica precisamente en la facilidad con que se fabrican y en su eficacia, y por eso se empeñan en prohibirlas, para que no pongan en riesgo su supremacía. El Gobierno sirio fue responsabilizado del ataque y se le obligó, bajo amenazas, a destruir todo su arsenal químico. Pero la guerra continuó. El mensaje que Occidente envió a Bashar al-Asad estaba muy claro: podía asesinar en masa a su gente, pero solo con armas convencionales.



Ante la persistente pasividad internacional frente a los crímenes de Al-Asad, la oposición se ha radicalizado cada vez más al ser infiltrada por un número creciente de yihadistas. Esto es lógico también si tenemos en cuenta que el apoyo financiero a los rebeldes ha provenido sobre todo de Arabia Saudita y Catar, deseosos de acabar con el poder chií en Siria. Hoy el Estado Islámico controla amplias zonas de Irak y Siria, amenaza tanto al régimen sirio como a Occidente, y pretende conquistar el mundo entero.



En septiembre de 2014 Estados Unidos y sus aliados empezaron a bombardear al Estado Islámico en Siria.

La llegada masiva a Europa de refugiados sirios que huyen de las matanzas nos ha recordado a los europeos que sí, que hay una guerra en Siria. La aparición de niños muertos en una playa turca llamó mucho la atención de la opinión pública, pero la Unión Europea ha aceptado recoger a solo 120.000 refugiados sirios de un  total de más de cuatro millones. Y con reticencias de algunos países.


Aylan Kurdi, de tres años de edad, muerto en la costa turca



Campo de refugiados de Zaatari, en Jordania, que alberga a unas 80.000 personas


Los atentados de París han demostrado brutalmente a la opinión pública europea que las amenazas del Estado Islámico van en serio. A raíz de ellos, parece que la comunidad internacional por fin se ha decidido a actuar de forma conjunta en Siria. Más de cuatro años tarde, eso sí, y contra el Estado Islámico, pero no contra el régimen de Al-Asad, principal causante de la guerra.

Bashar al-Asad comenzó a masacrar a su gente a inicios de 2011, cuando esta le pedía reformas democráticas, y la comunidad internacional no hizo nada por detenerlo. Se le amenazó dos años y pico después, pero no por ser un asesino, sino por utilizar armas químicas. Hoy la guerra en Siria se ha transformado en un problema muy complejo, cada vez más sangriento y que difícilmente se va a solucionar a base de bombardeos. De hecho, la historia nos enseña que los bombardeos no suelen resolver nada.

Cuando un dictador empieza a asesinar a la gente en masa no se trata de un problema interno en un país, deberíamos saberlo ya. En mi humilde opinión, habría que haber parado las matanzas en Siria en 2011, por ejemplo amenazando a Bashar al-Asad, como se hizo cuando perpetró el ataque químico. Ahora hay una guerra terrible en Siria que dura varios años y que poquito a poco se va convirtiendo en un conflicto mundial. Y es que las guerras son como las obras: se sabe cómo y cuándo empiezan, pero no cómo ni cuándo terminan.




sábado, 31 de octubre de 2015

La bruja



Fotograma de Los mundos de Coraline (2009), de Henry Selick


Érase una vez una bruja venida a menos.

La conocí hace bastante tiempo, cuando no daba miedo ni risa. O sea, cuando parecía una persona normal. Era una chica atractiva, con el pelo largo y negro, divorciada y madre de un chaval. Tenía mil problemas que solía contarme en largas conversaciones. Creo que yo le interesaba para algo más que como simple oyente de sus desventuras, pero ella en cambio no me acababa de gustar. No era por su aspecto, ya digo, sino que yo intuía que alguna cosilla en su interior no funcionaba del todo como debía.

Un par de años atrás consumó su conversión. Digamos que las dificultades de la vida le hicieron tomar derroteros equivocados, como a Darth Vader. Abandonó la rutina, dejó su trabajo y se zambulló en una existencia de fantasía y magia de mentira. Empezó a relacionarse con gente extraña, a vestirse siempre de oscuro, a tratar de curar enfermedades con pócimas y hierbas, a soltar frases lapidarias, a intentar resolver los problemas propios y ajenos con rezos, velas, conjuros y falacias. A llevar una estúpida vida de ficción, vaya. Por lo demás, resultó ser una hechicera muy torpe, porque nada le salía bien. Igual que hizo con otros, buscó la forma de engatusarme con sus sortilegios, de introducirme en su mundo de falsos encantamientos y absurdas estafas.

Pero fue en vano, porque nunca he creído en las brujas.




Actualización, noviembre de 2015: Vuelvo a verla después de mucho tiempo y constato que ha cambiado de nuevo, aunque esta vez para bien. Me congratulo y deseo que se estabilice en esta fase, para su tranquilidad y la de quienes la rodean.


martes, 27 de octubre de 2015

Franco, ese imbécil



 Alegoría de Franco y la Cruzada, de Arturo Reque Meruvia 


Ahora que se van a cumplir cuarenta años desde la muerte del invicto Caudillo, qué mejor momento para hablar de él.

Sobre Franco hay toneladas de propaganda en uno u otro sentido, esto es, para glorificarle o para ponerle a parir. Sin embargo, incluso entre sus más férreos detractores abundan todavía quienes le reconocen como un brillante militar y un buen economista (esto último por aquello del "milagro económico"). Vamos a explicar que no era ni una cosa ni la otra.
 
Con respecto a lo segundo, el nivel de renta per cápita de 1935 no se recuperó en España hasta mediados de los años cincuenta, es decir, que hubo un retraso de veinte años gracias a la fantástica guerra civil que Franco y los suyos se encargaron de provocar. Pero diciendo esto no demostramos que fuera tonto, solo un hijo de puta.

Tras la guerra, Franco proclamó su firme propósito de "reconstruir España" (discurso del 5 de junio de 1939), y para ello se encomendó a un proyecto fundamentado en la autarquía económica, una autarquía a la que dedicó grandes elogios, atreviéndose incluso a señalar que la victoria en la guerra venía a significar "el triunfo de unos principios económicos [los de la autarquía] en pugna con las viejas teorías liberales".

Según Franco, el primer problema de la economía española consistía en la "nivelación de la balanza de pagos", y ofreció una solución genial: "Siendo el déficit la diferencia de los dos capítulos de importaciones y exportaciones, podremos hacerlo desparecer atacando a ambos, haciendo disminuir las importaciones y aumentando las exportaciones".



Resultó que las excelencias de la autarquía hundieron al país en el hambre y el caos, y provocaron el desastre en la agricultura y la industria. Y eso a pesar de que la guerra realmente no había causado exagerados destrozos en las fábricas ni en las explotaciones agrícolas.

El "milagro" vino solo después de que, gracias a la Guerra Fría, los yanquis concediesen a Franco los primeros créditos, y cuando en Europa se venía desarrollando, desde hacía años, un gran crecimiento económico. Mientras Europa occidental gozaba de una ola de prosperidad, la España franquista padecía un déficit comercial crónico y creciente; el Estado agotó sus divisas hasta llegar a la suspensión de pagos, y hubo que decir adiós a la autarquía, a las geniales ideas económicas del Caudillo, y dar un giro de ciento ochenta grados. Un gobierno formado por tecnócratas se encargó de elaborar y ejecutar el correspondiente plan de estabilización y liberación que Franco, muy a su pesar, no tuvo más remedio que aprobar.

En el "milagro" desempeñaron un papel relevante los trabajadores que tuvieron que emigrar a otros países, las divisas proporcionadas por el turismo y el flujo de capitales extranjeros.

El "milagro" llegó, pero de la mano del liberalismo que Franco tanto había denostado, y solo después de que este abandonara las riendas de la economía.

El "milagro" llegó, pero no precisamente gracias a Franco, sino a pesar de Franco.

No obstante, al ser implementado en una dictadura, el "milagro" tuvo también sus secuelas. Como bien explica la Wikipedia:

Sin embargo, este crecimiento descuidado y auspiciado por el Estado, dejó latentes sus carencias con la llegada de la crisis de los años 70. No sólo causó graves daños ecológicos, dejó una estela de gran corrupción y produjo una focalización industrial desigual (dejando a muchas regiones en la absoluta pobreza), sino que además acabó provocando males endémicos que aún hoy son materia económica pendiente para España.  

En cuanto a lo de "brillante militar", recomiendo la interesante lectura de La incompetencia militar de Franco, de Carlos Blanco Escolá, un libro que echa abajo todos los mitos acerca de la invencibilidad del Caudillo, empleando para ello documentos y archivos militares, hojas de servicio, acciones de combate, etc. Franco era un militar rutinario, maniático de las ordenanzas, arribista e intrigante. Tenía una enorme incapacidad para tomar decisiones acertadas en asuntos militares, a la vez que una especial tenacidad en reclamar recompensas y méritos. En 1916 el capitán Franco reclamó la Cruz Laureada, y ante la negativa de sus superiores en aquellas circunstancias, se la concedió a sí mismo en 1939, cuando ya era Jefe del Estado. Y lo hizo mediante la ridícula estratagema de renunciar durante unas horas a su cargo de presidente del Gobierno para que no pareciera una autoconcesión.

Abundemos en esto. La única acción de su vida en la que Franco resultó herido fue la operación de El Biutz, cerca de Ceuta, el 29 de junio de 1916. Sufrió una herida grave al iniciar con su compañía el ataque, así que fue evacuado a un hospital de campaña. Su participación en el combate fue, pues, muy breve, aunque gracias al parte emitido por su compañero, el capitán Lías, se le concedió la Orden militar de María Cristina de primera clase. Sin embargo, el proceso instruido desde el 24 de julio, a propuesta del capitán Lías, lo había sido para determinar si Franco era merecedor de la Cruz Laureada de San Fernando; con la concesión de la Orden de María Cristina el caso debía quedar zanjado.

Pero no, Franco no lo creyó así, y presionó a su amigo Lías para que solicitara la reapertura del expediente para la concesión de la Laureada.

Desgraciadamente para el herido, durante el juicio quedó claro que el capitán Lías carecía de elementos de juicio para promover la instancia que había dado lugar a la apertura del expediente y que, consecuentemente, si llegó a cursarla se debió a las presiones ejercidas por el propio Franco. Este, por su parte, ofreció un testimonio muy poco prudente (dijo que, estando herido, había llegado a coronar una loma, cosa que no era cierta) que no fue corroborado por ninguno de sus compañeros participantes en la operación de El Biutz, aun cuando se mostraran inclinados a favorecerle (sin duda por el corporativismo reinante entre los africanistas).



Es decir, que ni siquiera los compañeros de Franco parecían dispuestos a compartir el talante fabulador del futuro Caudillo. Incluso algunos camaradas decidieron añadir algunos juicios que no favorecían demasiado a Franco ("... el capitán Franco no hizo más que auxiliar el avance de la Caballería, sin ninguna cosa de particular en su actuación..."). Para colmo, el médico que le atendió, demostró irrefutablemente que la herida de Franco no le permitió realizar acción alguna después de sufrirla, es decir, demostró que Franco mintió. Y para finalizar, un marroquí de las tropas regulares ratificó el testimonio del médico, pues él había socorrido a Franco cuando cayó herido.
 
En resumen, a Franco se le denegó la Laureada.

Pero el joven capitán decidió acudir entonces a las más altas instancias, esto es, al Rey. Por entonces era corriente que los héroes africanos se acercaran a palacio para entrevistarse con Alfonso XIII. Y a cuento de esto, dice Pedro Sainz Rodríguez en Testimonio y recuerdo:

El Duque de Miranda [mayordomo real] y el propio Alfonso XIII coincidían en afirmar que el militar que más veces había acudido a palacio pidiendo ayuda o planteando reclamaciones había sido el futuro Caudillo.

De todas formas era el propio monarca quien alentaba a los oficiales pedigüeños para así crear "una especie de camarilla palaciega", en palabras de Stanley Payne (Ejército y sociedad en la España liberal (1808-1936)), quien advierte además que los contactos mantenidos por el Rey con el Ejército eran "fundamentalmente inconstitucionales".

El caso es que el bobo de Alfonso XIII decidió proteger y promocionar a aquel pequeño capitán, al que llamaban "Franquito", con apariencia de persona amable y servicial, y terminó por convertirlo en uno de sus favoritos. Años más tarde, ya próximo a su muerte, el monarca exiliado se lamentó de su error exclamando: "Elegí a Franco cuando no era nadie. Él me ha traicionado y engañado a cada paso".



En conclusión, que las habilidades de Franco en el campo de batalla eran muy inferiores a las que exhibía en otros terrenos, como la capacidad para la intriga, la tenacidad para hacer reclamaciones y la falta de escrúpulos. Para eso, y para matar civiles en masa, sí tenía los huevos cuadrados.

Desde el punto de vista estrictamente militar, nadie puede ser un buen profesional de las armas a la vez que exterminador de la población civil, tal como lo fue el invicto Caudillo en la Guerra Civil y después. Recalco lo de "y después" porque la represión franquista se llevó por delante a unas 150.000 personas, pero la mitad fue después de la guerra. Cómo sería la cosa que cuenta Paul Preston en El holocausto español que un personaje como Himmler se sintió impactado cuando vio las cárceles y campos de concentración durante su visita a España en octubre de 1940. Dice Preston que a Himmler "le pareció absurdo que cientos de miles de trabajadores permanecieran encerrados en circunstancias lamentables, muchos aguardando la sentencia de muerte, en un momento en que el país requería desesperadamente la reconstrucción  de carreteras, edificios y viviendas destruidos durante la Guerra Civil (...). Dijo a Franco y Serrano Suñer que se estaban desaprovechando unos recursos valiosos y que tenía más sentido incorporar a la clase obrera al nuevo régimen que exterminarlos". Pero Franco no le hizo mucho caso.

 

Si buscamos en su biografía anterior a su vida militar, vemos que ya de niño era de naturaleza acomplejada, lo que contribuía a que sus compañeros le llamasen "El Cerillita" y le tratasen de afeminado. Y que se licenció en la Academia General de Infantería de Toledo en el puesto 251 de un total de 312. Es decir, que no era ninguna lumbrera.

Tuvo la suerte de contar con los apoyos de otros malhechores estúpidos como él.

La Guerra del Rif, fuente inagotable del prestigio militar de Franco, no fue una guerra en el sentido estricto y técnico del término, porque si exceptuamos el Desastre de Annual o el desembarco de Alhucemas (en el que Francia jugó la carta más relevante), se trató esencialmente de un conjunto de escaramuzas coloniales, es decir, algo que no puede servir de ninguna manera como escuela de estrategia.

El ascenso de Franco hasta general ("el general más joven de Europa desde Napoleón", se ha dicho siempre, aunque no es más que una patraña) se debió a la política emprendida por Alfonso XIII, como ya hemos señalado, el cual quiso rodearse de una guardia pretoriana a base de los oficiales africanistas. Su delirio de convertirse en el rey de África hizo que el estúpido monarca confraternizara con esa camarilla de aventureros concediéndoles ascensos y condecoraciones al por mayor, pasándose por el forro la normativa vigente sobre ese particular. Franco era un imbécil insensible, y creo que debemos aceptar que los imbéciles, con su insensata seguridad y la apariencia manejable e inofensiva, siempre han inspirado confianza a las altas instancias del poder. Además, su falta de sensibilidad garantizaba toda suerte de tropelías y crueldades sin ninguna clase de contradicción o arrepentimiento. Pero ocurre a veces que cuando el idiota alcanza la cima, su propia necedad le impide tener el mínimo complejo para creerse instrumento de la Providencia, con lo que prescinde o liquida por lo sano a sus valedores y acaba arrogándose el derecho de exterminar impunemente a todo opositor, real o supuesto. Y también hay que tener en cuenta el apoyo popular, puesto que a las razones simplistas de un imbécil nunca les ha faltado aceptación entre las masas, entre personas que las confunden con sentido común, mientras que su hierática seguridad de asno es tomada por autoridad.

Aparte, Franco tuvo también la fortuna de que en Alemania e Italia gobernasen otros dos maleantes como eran Hitler y Mussolini, que no dudaron en apoyarle en su lucha contra "el comunismo y la democracia corrupta" en 1936. No se metió plenamente en la Segunda Guerra Mundial porque ningún contendiente tuvo mucho interés en nuestro país -tampoco Hitler-, no por falta de ganas, y de no ser por los EEUU y la Guerra Fría, habría llevado a España a la completa ruina años después.

 

Es normal que cueste aceptar la imbecilidad de Franco. Teniendo en cuenta que el pueblo español soportó, en su gran mayoría y con insólita paciencia, casi cuarenta años de un régimen carca, meapilas, represivo y ridículo, resulta muy difícil admitir que quien nos tuvo inmovilizados tanto tiempo fuese un completo gilipollas. Así que hay que convertirlo en un villano inteligentísimo para justificar nuestra propia inoperancia y salvar así la dignidad ante la incapacidad de eliminarlo.

El primo y ayudante de Franco, el teniente general Francisco Franco Salgado-Araujo (Pacón), escribió un libro de memorias titulado Mis conversaciones privadas con Franco, cuyo contenido pretendía ser apologético, pero que resultó ser una colección de perlas y memeces varias que conforman la prueba más palpable y acusatoria de la debilidad mental del Generalísimo. Un ejemplo. En uno de sus párrafos, correspondiente al 5 de enero de 1955, Franco comenta lo siguiente:

Al terminar la Segunda Guerra Mundial no era deseo de las naciones vencedoras el que los vencidos se levantasen pronto de su postración. Por ello se les obligó a que adoptasen el régimen democrático, pues estaban convencidos de que así no les vendría la prosperidad ni mucho menos.

Claro, uno piensa en Italia y, sobre todo, en Alemania y Japón, y efectivamente, la prosperidad no les vino ni por asomo.
  
En fin, que sobran comentarios ante semejante estupidez, aunque esos juicios que emitía S.E. hacen entrever que se había instalado fuera de la realidad y que la adaptaba a sus propias fobias o paranoias, en este caso hacia la democracia. Unas paranoias que se mantendrían inamovibles hasta que cascó.

Para acabar, una postal que el joven teniente Franco envió a una señorita a la que trataba de cortejar, decía así:

... En el día de mañana le escribiré unas líneas en vista de la falta de ocasión que durante mi cortísima estancia en esa para hablarle, pero en fin esperemos que llegue el día que baje a esa y que ya me tarda su llegada...

Una sintaxis propia de un tío inteligentísimo, desde luego.




Más información:

-Blanco Escolá, Carlos, "La incompetencia militar de Franco", Alianza, 2000.

-Boadella, Albert, "Franco y yo", Espasa, 2003.

-Franco Salgado-Araujo, Francisco, "Mis conversaciones privadas con Franco", Planeta, 1976.

-Preston, Paul, "El holocausto español", Círculo de Lectores, 2011.