lunes, 8 de diciembre de 2014

Los Protocolos de los Sabios de Sion




Dedicado a todos los conspiranoicos, que son legión.


El odio a los judíos proviene de muy antiguo, pero entre las causas del antisemitismo moderno se encuentra un famoso libelo que, aunque fue publicado por vez primera hace ya más de un siglo, aún hoy sigue ejerciendo gran influencia sobre mucha gente: Los Protocolos de los Sabios de Sion.

A finales del siglo XIX, en el muy cristiano y ortodoxo Imperio ruso, los judíos veían recortados sus derechos y sus garantías jurídicas. Al fin y al cabo se les responsabilizaba del asesinato del zar Alejandro II e incluso del de Jesucristo.

Por aquellas tierras eran habituales los pogromos, ataques de las masas contra los comercios y las casas de los judíos. Se les perseguía y asesinaba con el apoyo de las autoridades zaristas.


El pueblo vivía mal en aquel imperio, muy mal. El zar Nicolás II, coronado en 1894, era un incompetente que se dejaba influir por unos y por otros mientras el descontento de la gente aumentaba y la revolución se acercaba.


Nicolás II


El conde Sergei Yulyevich Witte era el ministro de Finanzas ruso y principal consejero del zar. Witte trataba de convencer al inepto emperador de la conveniencia de implantar medidas liberalizadoras e ilustradas, de modernizar Rusia. Tales medidas incluían mejorar las condiciones de vida de los judíos, discriminados a lo largo de siglos. Hay que decir que su mujer era judía.


Sergei Witte


Pero Witte contaba con varios enemigos cercanos también al zar, entre los que estaban la Gran Duquesa Isabel (hermana mayor de la zarina Alejandra), o Piotr Ivanovich Rachkovsky, jefe de la Ojrana -la policía secreta zarista- y uno de los creadores de la organización antisemita Unión del Pueblo Ruso.

Fue Rachkovsky quien decidió que se redactara un falso documento que demostrara la existencia de un supuesto complot judío para derrocar al zar y que, de paso, desacreditara a Witte e impidiera así que Nicolás II siguiera sus consejos. Para ello contactó con Matvey (o Mathieu) Golovinsky, un aristócrata franco-ruso, astuto y antisemita, miembro de la policía secreta, que en 1898 estaba en París.


Matvey Golovinsky


A Golovinsky se le encargó la creación del texto, y este lo que hizo fue prácticamente plagiar un antiguo libro, Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, del autor francés Maurice Joly, publicado en 1864. Tal libro no era sino una crítica al emperador francés Napoleón III y su despotismo, en la que Montesquieu representaba el liberalismo y Maquiavelo, con su cinismo, a Napoleón III. Joly había sido juzgado por escribirlo y condenado a 15 meses de cárcel. Su libro fue prohibido.

Golovinsky creyó que nadie se daría cuenta de su plagio al estar copiando un libro prohibido. Además, Joly se había suicidado en 1878.

Lo que el plagiario hizo fue adaptar los diálogos de Maquiavelo de tal forma que, en lugar de representar a Napoleón III, fuesen la voz de una conjura judeo-masónica y así dañasen al conde Witte y sus intenciones aperturistas. Además, aprovechó la circunstancia de que el año anterior se hubiese celebrado en Basilea (Suiza) el Primer Congreso Sionista convocado por el fundador de dicho movimiento, Theodor Herzl.

De esa forma, el resultado del plagio de Golovinsky fueron los famosos Protocolos de los Sabios de Sion, supuestamente redactados en aquel congreso y que “delataban” la terrible intención de los líderes sionistas de hacer desaparecer el cristianismo y dominar el mundo a través de la masonería. Los judíos estaban detrás de la revolución.

El plagio era evidente. En el libro de Joly hay 25 diálogos, y el número de protocolos es de 24. En Los Protocolos hay cerca de doscientos párrafos copiados del libro de Joly.

Curiosamente, para escribir su libro Joly había plagiado a su vez en parte otro: Los misterios del pueblo (1849-1856), del también francés Eugène Sue. Por otro lado, el prusiano Hermann Goedsche, bajo el seudónimo de Sir John Retcliffe, plagió a Joly en su novela Biarritz (1868), que relataba cómo se reunían los representantes de las doce tribus de Israel en el cementerio judío de Praga con el mismísimo Satanás para planear la dominación del mundo. En 1872 se publicó la novela en San Petersburgo bajo el título En el Cementerio Judío de la Praga Checa (los Judíos Soberanos del Mundo).

El escritor francés Roger Gougenot des Mousseaux acusó a los judíos de querer apoderarse del mundo en su libro Le Juif, le judaïsme et la judaïsation des peuples chrétiens (1886).

El abate Chabauty publicó en 1881 un libro titulado Les Francs-Maçons et les Juifs: Sixième Age de l'Eglise d'après l'Apocalypse, en el que venía a decir que Satanás, a través de la conspiración judeo-masónica, estaba preparando la llegada del Anticristo judío y el dominio del mundo por los hebreos.

A finales del siglo XIX la publicación jesuita La Civiltá Cattolica presentaba a la francmasonería como parte de una conspiración mundial judía. El papa León XIII no tuvo problema alguno con dicha publicación.

En 1903 apareció un texto similar a Los Protocolos, pero más reducido, en el periódico antisemita Znamya (La Bandera) de San Petersburgo. El texto se titulaba Actas de la Reunión de los Masones Mundiales Universales y los Ancianos de Sion.

Los Protocolos de los Sabios de Sion, la obra de Golovinsky, se publicaron por primera vez en Rusia en 1903. El único nombre que aparecía en ellos era el del hombre que los publicó, Sergei Aleksandrovich Nilus, un personaje que era una mezcla de abogado, juez y monje ortodoxo, y que se creía en posesión de una misión salvadora: denunciar ante la humanidad el complot judío. Los Protocolos formaban parte de un libro de Nilus titulado Lo Grande en lo Pequeño.



Sergei Nilus y su libro


Quizá sea el momento de aclarar que jamás ha existido una organización denominada Sabios de Sión o Ancianos de Sion.

En el Congreso Sionista de Basilea lo que se trató fue la emigración judía desde los países europeos a Palestina (entonces perteneciente al Imperio turco) con el objeto de establecer allí un Hogar Nacional Judío en el que los hebreos no fuesen discriminados. Para llevarlo a cabo se creó la Organización Sionista Mundial y se acordaron futuros congresos sionistas. Este sería el origen del Estado de Israel. El congreso se celebró en el Casino Municipal de Basilea y todas sus resoluciones están ampliamente documentadas.

El libro de Nilus sería reeditado varias veces.

El año 1905 fue complicado para los rusos. A la derrota en el conflicto con Japón hubo que unir el Domingo Sangriento (cuando la guardia personal del zar disparó contra una pacífica y masiva manifestación de trabajadores matando a decenas de personas, mujeres y niños incluidos), y la revolución, cuyo episodio más conocido fue el levantamiento del acorazado Potemkin.


Fotograma de la película soviética Devyatoe yanvarya (“9 de enero”, 1925), de Vyacheslav Viskovsky, sobre el Domingo Sangriento de 1905


Al año siguiente, para apaciguar al pueblo, el zar aprobó ciertas libertades básicas y la creación de un parlamento, la Duma, que más tarde disolvió. Witte fue forzado a dimitir.

Mientras, Los Protocolos se extendieron por el país. En ocasiones, los monárquicos se los leían a los campesinos analfabetos.

Los rumores acerca de la falsedad del panfleto de Nilus comenzaron también a circular. El propio zar encargó una investigación al respecto que llegó a la conclusión de que no había nada de cierto en el libro. Pero Nilus dijo:

“Reconozcamos que Los Protocolos son falsos. Pero, ¿no puede Dios usarlos para desenmascarar la maldad que se está preparando? ¿No profetizó la burra de Balaam? ¿No puede Dios, por nuestra fe, transformar la osamenta de un perro en reliquias que realicen milagros? ¡De la misma manera puede colocar el anuncio de la verdad en una boca mentirosa!”

La Revolución bolchevique de 1917 hizo que Los Protocolos recobraran vigor. La teoría de la conspiración daba sus primeros frutos: esa revolución se debía a los judíos.

Los Protocolos se hicieron populares entre los rusos blancos.

Tras la Primera Guerra Mundial se extendió por Alemania la disparatada leyenda de que la derrota de dicho país se debía también a una conspiración judía, a una "puñalada por la espalda" (Dolchstoss) de los judíos. Tal tesis no tenía ningún sentido, aunque solo fuera por el hecho de que uno de sus más fervientes defensores fuera el general Ludendorff, quien, junto a Hindenburg, había pedido la paz en 1918. La falta de recursos y la escasez de materias primas (que hicieron que durante la Primera Guerra Mundial murieran más alemanes por los efectos de la malnutrición que a causa de los bombardeos de ciudades durante la Segunda), tuvieron como resultado que ya en 1916 la cuestión no fuera si Alemania perdería la guerra, sino cuándo.


Ilustración de 1919 en la que una mujer judía apuñala por la espalda a un soldado alemán


Pero para muchos se trataba simplemente de un nuevo desenlace de la “conspiración judía internacional”. Ya tenían dos: la Revolución bolchevique y la derrota de los Imperios Centrales.

¿Qué pasó mientras tanto con Golovinsky, el “verdadero” autor del panfleto?

Lo primero que hay que decir es que su “autoría” fue revelada a los soviéticos ya en 1917 por el francés Henri Blint, el hombre a quien Rachkovsky había encargado pagar a Golovinsky. Blint, arruinado, acabó por vender todos sus archivos a los soviéticos, y estos siempre guardaron silencio con respecto a todo este asunto.

Golovinsky, tan astuto como siempre, cambió de bando en 1917 y se convirtió en diputado bolchevique en Petrogrado. Con un falso título de médico, se hizo valer como “el primer médico en haber reconocido el poder de los Soviets”. Formó parte del Colegio de Médicos, fundó el Instituto de Cultura Física de Moscú y fue premiado con la Orden de Lenin. Murió en 1920 gozando del reconocimiento de los dirigentes soviéticos, y justo cuando sus Protocolos (ilegales en la nueva Rusia comunista) alcanzaban fama internacional.

En agosto de 1921, The Times publicó un artículo de su corresponsal en Constantinopla, Philip Graves, en el que se denunciaba la falsedad de Los Protocolos y cómo estos no eran sino un plagio del libro de Maurice Joly. Graves decía haber obtenido la información (incluyendo el libro plagiado) de una fuente rusa.

Sin embargo la información proporcionada por el diario británico no iba a servir de mucho: Los Protocolos se extendían por el mundo.

En 1919 se editaron por primera vez en Alemania. La traducción fue realizada por el capitán Müller von Hausen bajo el seudónimo de Gottfried zur Beck y con el título de Los Secretos de los Sabios de Sion. Se realizaron ediciones de bolsillo para que el libro llegase a todo el mundo.

En 1920 el libro se editó en Polonia, Reino Unido y Estados Unidos; después en Italia, Suecia, Japón, Portugal y Francia. En 1925 se publicó en árabe en Damasco y se difundió por Oriente Próximo. En 1927 se publicó en España bajo el título de Los Peligros Judío-masónicos. Los Protocolos de los Sabios de Sion. El libro tendría numerosas ediciones.



En el Reino Unido se publicó con el título de El Peligro Judío. A raíz de tal publicación, Winston Churchill, futuro primer ministro en la Segunda Guerra Mundial, escribió en el Illustrated Sunday Herald un artículo en el que denunciaba “las conspiraciones de los judíos internacionales”, a los que asociaba al comunismo y que, según él, habían “agarrado a Rusia por los cabellos” y se habían “convertido en los indiscutibles amos de ese enorme imperio”.

En Estados Unidos Los Protocolos fueron publicados por el industrial automovilístico Henry Ford en su periódico semanal, The Dearborn Independent, que era bastante antisemita. El hombre empleaba dicha publicación para denunciar el “peligro judío” a través de diversos artículos. Ford reunió esos artículos antisemitas en un libro llamado El Judío Internacional. Tanto ese libro como Los Protocolos tendrían gran éxito entre los nazis. El propio Hitler era un acérrimo admirador de Ford, a quien mencionó en Mein Kampf.



Ford se retractaría más tarde de sus ataques a los judíos, pero aún así mostraría su admiración por el Tercer Reich y sería incluso condecorado por los nazis.



Cuando los nazis llegaron al poder, Los Protocolos llevaban en Alemania más de treinta ediciones.

En 1930 el libro se publicó en Argentina.

En 1935 un tribunal de Berna definió Los Protocolos como un disparate y una falsificación cuyo único propósito era alimentar el desprecio y el odio a los judíos, y pidió que se prohibieran. No sirvió de nada.

En los últimos años de la época de Stalin, la URSS vivió una ola de antisemitismo auspiciada por las autoridades. Se publicó allí por entonces una nueva versión de Los Protocolos pero modificados de tal forma que igualaban “el judaísmo internacional” con “el capitalismo internacional”. Como respuesta, en 1964 el Senado de los EEUU publicó un informe en el que condenaba Los Protocolos.

El libro no fue condenado por un tribunal ruso hasta 1993. La última edición databa del año anterior, 1992.

Se ha seguido publicando y distribuyendo en todo el mundo.

En 1968 el Instituto Islámico de Beirut imprimió 300.000 copias en francés, italiano, castellano y árabe.

En 1972 se volvió a publicar en España y en Egipto.

En 1974 en la India.

En 1977 de nuevo en EEUU, y al año siguiente en el Reino Unido.

En 1987 de nuevo en Japón.

En 1988 la organización palestina Hamás publicó Los Protocolos. Hoy sigue apoyándose en ellos para justificar sus acciones.

En 1990 otra vez en Damasco.

En 1992 Los Protocolos eran lectura obligada en algunas escuelas católicas de México.

En su informe anual sobre el antisemitismo en el mundo correspondiente a 1995, la universidad de Tel Aviv daba cuenta de nuevas ediciones de Los Protocolos en EEUU, Estonia, Eslovaquia, Ucrania, Irán, Dinamarca y Australia.

Gracias a la apertura de los archivos soviéticos, en 1999 el historiador ruso Mijail Lepejine averiguó la identidad del verdadero autor de Los Protocolos, Golovinsky, que vivió sus últimos años protegido por los bolcheviques.


Mijail Lepejine


En el año 2000, la Liga por la Defensa Cristiana distribuía por los EEUU copias de El judío internacional, el libro de Henry Ford.

En 2002 varios canales de televisión árabes transmitieron la serie El caballero sin caballo, basada en Los Protocolos. El semanal egipcio Roz-al-Yussuf alabó la serie pues, según decía, demostraba que Los Protocolos son la línea central que domina la política israelí.

Los Protocolos son muy fáciles de encontrar en internet. Además, hoy en día este libro, junto a Mi Lucha, cuenta con gran éxito en el mundo musulmán.


En 2005 se publicó un cómic del tristemente desaparecido Will Eisner. Lleva por título La Conspiración. La historia secreta de los Protocolos de los Sabios de Sión (Norma), y en él se relata casi todo lo que acabo de contar, de forma clara y amena. Si a alguien le interesa realmente este tema, creo sinceramente que merece la pena echarle un vistazo.



Los Protocolos de los Sabios de Sion es un libro creado y publicado con el único propósito de infundir odio a los judíos. Lo peor del asunto es que, aunque está sobradamente demostrado que es un panfleto falso y además un plagio, muchos continúan hoy tomándolo en serio. Umberto Eco explicó, a modo de denuncia, el “razonamiento” de estas personas: Los Protocolos podrían ser falsos, pero expresan exactamente lo que los judíos piensan y por tanto deben ser considerados auténticos”.


5 comentarios:

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  2. MAS DUDAS? https://www.google.com.ar/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=7&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwi5meWxuIXPAhWMhpAKHaj4A3QQFghCMAY&url=http%3A%2F%2Fwww.bcn.cl%2Fobtienearchivo%3Fid%3Ddocumentos%2F10221.1%2F43174%2F1%2F188315.pdf&usg=AFQjCNG7mnJugNX_do_rfp_gG4xBMwIpRA&sig2=o7qdDQluaRZrIRL7Y5W1kw&bvm=bv.132479545,d.Y2I

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  3. Y SIGUES AUN DUDANDO? https://www.youtube.com/watch?v=jLq1RPZt1cA

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  4. Y DE YAPA!!! https://www.google.com.ar/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwiNoZP5vIXPAhWKIpAKHcBSB6kQFggcMAA&url=http%3A%2F%2Fwww.bcn.cl%2Fobtienearchivo%3Fid%3Ddocumentos%2F10221.1%2F43182%2F2%2F211342.pdf&usg=AFQjCNEYPJL3rQivPopP9_RJlcerQkr06g&sig2=lndv57lm0U6AhQ3PtyIFLQ&bvm=bv.132479545,d.Y2I

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