viernes, 21 de junio de 2013

¿Por qué se lanzaron las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki?




Bomba atómica de plutonio Fat Man, que sería arrojada en Nagasaki el 9 de agosto de 1945. Mató de inmediato a entre 40.000 y 70.000 personas. Algunos miles más morirían después.
 

Ahora que empieza el veranito, qué mejor que hablar de las bombas atómicas.

Aunque a mediados de 1945 los jefes militares japoneses estuvieran divididos en cuanto a cómo acabar la guerra, los partidarios de la negociación, entre los que estaba el primer ministro Kantarō Suzuki, se habían impuesto a los que querían seguir combatiendo a toda costa hasta la victoria final, liderados por el ministro de la Guerra, Korechika Anami. Lo cierto es que Japón estaba dispuesto a negociar la paz desde meses antes de los lanzamientos de las bombas atómicas. Los japoneses trataron de buscar la mediación de la URSS a inicios del verano de aquel año (tenían firmado un tratado de no agresión con Stalin desde 1941, que éste violaría en agosto), aunque no lo consiguieron porque el líder soviético estaba ya decidido a invadir Manchuria, como se había acordado en la Conferencia de Yalta.


 El primer ministro Kantarō Suzuki
 


El general Anami, ministro de la Guerra


A cambio de rendirse, los nipones sólo pedían que se respetasen el sistema imperial de su país y al propio emperador Hirohito (única figura que creían que podía conferir estabilidad a la nación), cosas que se hicieron de todas formas tras la guerra, a pesar de que la Declaración de Potsdam, que detallaba las condiciones de la rendición de Japón, no diera garantías al respecto. Si los estadounidenses hubieran asegurado a Japón que no tenían intención ni de abolir el sistema imperial ni de juzgar a Hirohito, quizá los nipones se habrían rendido antes y el mundo se habría ahorrado los bombardeos atómicos y la invasión soviética de Manchuria.


En la Declaración de Potsdam, redactada y difundida el 26 de julio durante la conferencia del mismo nombre, no se advertía explícitamente a los japoneses de los lanzamientos de las bombas atómicas si no se rendían. Se limitaba a prometer una “inmediata y completa destrucción” del Japón de no aceptar la rendición incondicional.
 
El gobierno japonés decidió ignorar la Declaración de Potsdam, y seguramente habría hecho lo mismo aunque se le hubiera advertido explícitamente en ella de los bombardeos atómicos, pero en todo caso dicha advertencia no habría estado de más.
Los yanquis se enteraron de las intenciones negociadoras de los japoneses porque interceptaban y descifraban sus mensajes diplomáticos (desde antes de Pearl Harbor), y además porque los nipones les hicieron llegar sus propuestas por varias vías, por ejemplo desde su legación diplomática en Suiza a la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), que dirigía Allen Dulles en aquel país. Pero jamás contestaron a dichas propuestas.
Finalmente la rendición de Japón fue incondicional, puesto que cuando depuso las armas, tanto la autoridad del emperador como la del gobierno nipón quedaron subordinadas "al comandante supremo de las fuerzas aliadas". Si los yanquis hubieran querido, Hirohito habría sido juzgado. Lo que pasa es que no quisieron. Y si lo hubieran hecho seguramente no habría ocurrido nada, puesto que, como escribió Raymond Cartier, al final de la guerra el pueblo japonés aceptaba morir, pero prefería vivir.


El emperador Shōwa (Hirohito) firmando la Constitución de Japón, 1946


La verdad es que los yanquis nunca tuvieron el menor interés en negociar. Y los japoneses cometieron además la tremenda torpeza de escoger como intermediaros a los soviéticos, que además de aliados de los EEUU, no eran en absoluto de fiar (después de Yalta, Molotov aseguró al embajador japonés en Moscú que el Pacto de Neutralidad firmado por sus países en 1941 no se vería afectado por lo acordado en dicha conferencia, que es precisamente cuando la URSS aceptó entrar en guerra con Japón).

Entrando ya en los motivos por los que se lanzaron las bombas atómicas, podemos enumerar unos cuantos. Hasta mediados de la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses tuvieron muchos prejuicios contra los bombardeos de civiles, pero dichos prejuicios fueron desapareciendo a medida que se consideraba a los enemigos alemanes y japoneses como seres salvajes e inhumanos, es decir, a medida que se les deshumanizaba. Esta consideración se acentuó en el caso de los segundos por motivos raciales, y a todo ello se añadía además un fuerte sentimiento de venganza, pues habían sido los nipones quienes habían atacado Pearl Harbor. Lo cierto es que tiene mucha lógica que los yanquis no se parasen a pensar en la inmoralidad de masacrar a la población civil de un país que no había dudado en atacarlos a traición, o que otorgaba un trato absolutamente criminal a los prisioneros estadounidenses que tenía en su poder. Venganza, emplear nuevas armas y dejar lisiada a la población enemiga. Y que Japón no pusiese condición alguna para rendirse, ni aunque fuera algo que más tarde se le concediera de todas formas. Se buscaba una victoria total, aplastar al enemigo, y cuanto más, mejor. De eso se trató, básicamente.
El gran argumento a posteriori del presidente estadounidense Harry S. Truman y otros contemporáneos suyos partidarios de lanzar las bombas atómicas, es que tales lanzamientos hicieron innecesaria una sangrienta invasión del Japón, ahorrando así muchas vidas de estadounidenses. Este argumento se ha venido repitiendo machaconamente desde entonces, incluso añadiendo que las bombas también ahorraron supuestamente vidas de nipones, pues una invasión habría provocado muchas más muertes en su país. Hoy sabemos que Japón se habría rendido en 1945 casi con toda certeza aún sin haber sufrido bombardeos atómicos ni haber sido invadido, aunque este dato no es nuevo, ni mucho menos, como veremos más adelante.


 El presidente Harry S. Truman


En ocasiones se menciona que las bombas atómicas fueron en realidad un aviso a la URSS, buscando demostrar a Stalin el poder militar estadounidense. Seguramente también hubo algo de eso, pero lógicamente no fue la razón principal: de no haber existido la URSS, las bombas se hubieran lanzado igualmente.
Para explicar por qué en los EEUU se pasó de la opinión de que bombardear a civiles era inmoral a arrasar ciudades enteras (el bombardeo de Tokio la noche del 9 al 10 de marzo de 1945 provocó 100.000 muertos, más que el de Hiroshima o Nagasaki), también hay que tener en cuenta que en 1945 había que aprovechar el carísimo programa del bombardero B-29, un programa iniciado en 1942 pero que sólo alcanzó la producción en masa y la madurez tecnológica a finales de 1944. Algo similar ocurrió con el Proyecto Manhattan, unido a la necesidad de probar las nuevas armas en escenarios reales. De hecho, el principal motivo de que se escogiese Hiroshima como objetivo de la primera bomba atómica fue que dicha ciudad no hubiese sufrido todavía bombardeos incendiarios y, por tanto, pudiese servir como lugar idóneo para comprobar de forma adecuada los efectos de una explosión nuclear.

Bombardeo de Tokio, marzo de 1945



Bombarderos B-29 Superfortress sobre Japón, 1945


Y finalmente, en 1945 todos los estadounidenses estaban deseando que acabase ya la guerra, así que se aceptó cualquier medio que pudiese teóricamente acelerar su fin. Si las bombas atómicas servían para acortar la guerra, pues bienvenidas fuesen. Y si no, pues también. Al fin y al cabo, a esas alturas Estados Unidos ya era responsable de bombardeos que habían costado la vida a cientos de miles de civiles alemanes y japoneses, cosa que apenas se había visto cuestionada por su opinión pública.


Explosión de Little Boy, la bomba de uranio lanzada en Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Mató a entre 70.000 y 80.000 personas de forma instantánea. Un número similar moriría después por sus efectos.


Pero, ¿se habría rendido Japón igual sin bombas atómicas?

Hay autores que consideran la entrada de la Unión Soviética en guerra contra Japón el 8 de agosto, y no las bombas atómicas, como el factor determinante en la rendición japonesa. De hecho, los japoneses no se rindieron tras la primera bomba.

 

 
Para el historiador Max Hastings, sin embargo, la debacle del Japón no se debió ni a la invasión soviética de Manchuria ni a las bombas atómicas, sino a la escasez de combustible y el colapso de su industria provocado por el bloqueo. Esta situación se produjo ya en el verano de 1944, de modo que, según Hastings, Japón se habría rendido incluso aunque no se hubieran producido las batallas de Iwo Jima, Okinawa, la campaña del general MacArthur en Filipinas o la del general británico William Slim en Birmania.
Claro que, como también apunta Hastings, esto lo sabemos hoy. Entre 1944 y 1945 los líderes aliados no podían tener el mismo conocimiento de la situación.
No obstante, existe un documento bastante revelador del departamento de Estudios sobre Bombardeos Estratégicos de Estados Unidos (U.S. Strategic Bombing Survey). En su Resumen de la Guerra del Pacífico, publicado en 1946, se puede leer la siguiente conclusión a la que llegaron los expertos yanquis:
  

"Basándonos en una detallada investigación de todos los hechos y en el testimonio de los dirigentes japoneses implicados supervivientes, es la opinión de este Estudio que sin duda antes del 31 de diciembre de 1945, y con toda probabilidad antes del 1 de noviembre de 1945, Japón se habría rendido incluso si no se hubiesen lanzado las bombas atómicas, incluso si Rusia no hubiese entrado en la guerra, e incluso si no se hubiese planeado ni considerado ninguna invasión."
 


Así pues, aunque no se hubieran lanzado las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, Japón se habría rendido a más tardar en aquel otoño. Ahora bien, si el fin de la guerra no hubiera llegado en agosto de 1945, sino uno o dos meses más tarde, es probable que a lo largo de ese periodo hubieran muerto más personas que en las explosiones nucleares. Para empezar, aunque con toda probabilidad los EEUU no habrían necesitado invadir las islas principales del archipiélago nipón, seguramente los soviéticos, tras ocupar Manchuria y el sur de la isla de Sajalín, hubieran desembarcado en la isla japonesa de Hokkaidō. Mientras tanto, los bombardeos incendiarios del general Curtis LeMay habrían seguido arrasando las ciudades niponas. En ese sentido, quizá (pero sólo quizá) las bombas atómicas sí ahorraron vidas, incluso de japoneses.


Las bombas atómicas cambiaron el mundo al revelar el grado de destrucción que suponía el horror nuclear, creando de esa forma un revulsivo global que ha salvaguardado el planeta desde entonces. Si no se hubiera lanzado ni una de ellas en 1945, quizá se hubieran empleado más tarde, durante la Guerra Fría, posiblemente con efectos aún más devastadores.

Pero sólo quizá.






Más información:

-Axell, Albert y Kase, Hideaki, “Kamikazes. Los pilotos suicidas japoneses en la Segunda Guerra Mundial”, La Esfera de los Libros, 2004.

-Cartier, Raymond, “La Segunda Guerra Mundial”, Planeta, 1966.

-Hastings, Max, “Némesis: La derrota del Japón, 1944-1945”, Crítica, 2008.




14 comentarios:

  1. Es un más que interesante debate, yo, a pesar de todo, sigo creyendo que las bombas atómicas fueron clave para la rendición, es probable, seguro que se hubieran rendido igual, Japón nunca tuvo opciones de ganar la guerra, de hecho lo suyo fue una colección de derrotas, pero, el tema es que no se rendía y el mundo llevaba ya muchos años en guerra.

    Evidentemente habría más motivos para lanzar las bombas, pero considero de perogrullo que la principal era acabar con la guerra porque después de la rendición ya no lanzaron más, en ese sentido pues está claro que efectividad absoluta.

    Claro que luego está la vertiente de la moralidad o no de semejante arma, es probable que de haber seguido la guerra el número de muertes en Japón hubiera sido mayor, incluso en los civiles, pero aun así considero que ahorrar bajas a base de bombas atómicas es una desvergüenza absoluta.

    Abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, los japoneses tuvieron seis meses de victorias rápidas y espectaculares (logradas en parte gracias a la ineficacia de sus enemigos), pero es cierto que desde la batalla de Midway ya no levantaron cabeza y que estuvieron tres años viéndolas venir.
      Si hubiera sido por el Ejército de Tierra, representado en 1945 por el general Anami, Japón no se habría rendido nunca. Hay que tener en cuenta que a mediados de agosto los japoneses tenían aún siete millones de soldados en armas, tanto en su archipiélago como en ultramar, que sólo se rindieron porque lo ordenó el emperador. Si hubiese sido por sus jefes militares, habrían seguido combatiendo ad infinitum. De hecho, el 14 de agosto algunos oficiales nipones trataron de llevar a cabo un golpe de Estado para impedir la rendición, aunque por fortuna fracasaron.
      Como apunta Max Hastings, muchos de esos jefes militares japoneses que tanto apelaban al honor eran en realidad unos cobardes morales, puesto que reconocían que Japón estaba derrotado en privado pero no en público, para no parecer traidores.

      En todo caso, lo que más apaciguó a los fanáticos de la resistencia a ultranza, como Anami, fue la entrada de la URSS en guerra más que las bombas atómicas. Hasta el último momento, los japoneses confiaron en que los soviéticos podrían actuar de mediadores entre ellos y los yanquis, lo que demuestra que los líderes nipones vivían en buena medida fuera de la realidad. La invasión de Manchuria borró todas sus esperanzas.
      Stalin, por su parte, había accedido a entrar en guerra contra Japón en la Conferencia de Yalta, ante las peticiones de Roosevelt. Por entonces la URSS seguía en guerra con Alemania y el tema no llamaba mucho la atención de Stalin, pero en verano, con la guerra ya terminada en Europa, el líder soviético dio rienda suelta a sus ambiciones y planeó resarcirse de la derrota rusa frente a Japón en 1905, no sólo recuperando Port Arthur, el sur de Sajalín y capturando las Kuriles, sino que llegó a pensar incluso en desembarcar en el norte de Hokkaidō (y si no lo hizo fue porque los yanquis le pararon los pies).
      Paralelamente, la puesta a punto de las bombas atómicas hizo que al presidente Truman se le pasaran las ganas de que Stalin interviniera contra los japoneses, aunque después de Yalta ya era tarde para evitarlo. En ese sentido, al acelerar hipotéticamente el fin de la guerra, las bombas atómicas también podían contribuir a frenar el expansionismo soviético en Asia. Un expansionismo que fue muy real. De hecho, temiendo un rápido fin de la contienda por las bombas atómicas, Stalin adelantó diez días la invasión de Manchuria no fuera que se quedara sin su gran parte del pastel. Las reticencias japonesas a rendirse sin condiciones jugaron entonces a favor de Stalin.

      En este punto volvemos a la cuestión de por qué los EEUU no aceptaron la condición japonesa de respetar al emperador, como símbolo supremo de la unidad de la nación, a cambio de deponer las armas, si fue algo que luego hicieron de todos modos. Si esto hubiera quedado reflejado en la Declaración de Potsdam, quizá Japón se habría rendido antes de cuando lo hizo y sin que se hubieran lanzado bombas atómicas ni hubiera habido invasión soviética de Manchuria. Pero nos tenemos que poner en el pellejo de los dirigentes yanquis de entonces y preguntarnos por qué iban a aceptar condición alguna de una potencia agresora, aliada de los nazis y los fascistas, cuyos soldados se habían comportado de forma absolutamente criminal allá por donde habían pasado, y que encima les había atacado a traición. Por otro lado, si Japón hubiera dispuesto de bombas atómicas, las habría empleado sin dudarlo. Evidentemente los líderes estadounidenses no tuvieron reparo moral alguno en lanzar esas bombas, igual que no lo habían tenido en quemar decenas de ciudades en los meses anteriores.
      Por otro lado, también hay que preguntarse por qué después de años de derrotas a los japoneses les costó tanto rendirse sin condiciones, ya que si lo hubieran hecho antes, eso sí habría salvado muchísimas vidas.

      En fin...


      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Es conveniente entender bien el proceso por el que se llevó a cabo la decisión de lanzar las bombas. No fue el presidente Truman, quien tomó esa decisión. Aunque él, en la posguerra afirmase que sí fue decisión exclusivamente suya. No fue así. Fue una decisión colectiva de todo el sistema político militar norteamericano. Truman, como mucho, sólo podía vetar el lanzamiento de la bomba. A lo que no estaba dispuesto. Si bien, después de la destrucción de Nagassaki, el presidente reaccionó, y ordeno la suspensión de más lanzamientos nucleares (no de los convencionales), hasta nueva orden.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Efectivamente. De hecho, no hubo orden alguna para lanzar la segunda bomba atómica, la de Nagasaki. Simplemente se lanzó cuando estuvo lista. La decisión de cuándo lanzarla se había dejado al criterio de los generales de la zona, que incluso adelantaron la fecha. Y estaba previsto lanzar una tercera bomba atómica sobre Tokio el 19 de agosto, pero como bien dices, el día 10 Truman ordenó que no se tiraran más bombas atómicas sin su autorización. Seguramente le habían llegado noticias de las consecuencias de la explosión de Hiroshima y le había empezado a remorder un poco la conciencia.

      Eliminar
  3. Con mucho respeto y sin ánimo de polemizar discrepo de lo que piensa el autor al respecto de las bombas atomicas en hiroshina y nahgasaki, creo que los japoneses jamas se hubieran rendido aunque hubieran quedado sin combustible, material belico, ni materias primas, hay varios ejemplos historicos de su fanatismo, en la toma de una de sus islas antes del lanzamiento de las bombas atomicas los "civiles" japoneses preferian suicidarse y no rendirse a los norteamericanos y los soldados preferian morir suicidandose con su metodo japones antes de rendirse. Y bueno también recordar a los pilotos suicidas "kamikaze" que tampoco tenian en su mente la idea de una rendición incondicional. Mi conclusión es que sin las bombas atomicas la guerra contra japon hubiera durado mucho mas tiempo y las muertes por ambos bandos se hubieran multiplicado por cien, sin desmedro de que sin duda también influyó el croterio de los altos mandos militares, politicos y cientificos por conocer y probar los daños y efectos en los humanos y materiales provocados por la bomba atomica, con una justificacion "moral"..la guerra..

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Que los japoneses se hubieran rendido en 1945 aunque no se hubiesen lanzado las bombas atómicas no es algo que digo yo ahora, es algo que concluyeron los expertos estadounidenses ya en 1946, como pone arriba. Todo esto no deja de ser un "what if" pero, puestos a opinar, diría que los yanquis que interrogaron a los dirigentes nipones tenían más elementos de juicio que nosotros.

      En cuanto a los suicidios de los "fanáticos" japoneses hay que tener en cuenta varias cosas. En primer lugar, que en Japón el suicidio tiene una larga tradición como forma honorable de poner fin a un problema que no se puede resolver. Todavía hoy se suicidan más de 30.000 japoneses al año, un número de suicidios cerca de diez veces mayor que en España.
      En segundo lugar, en 1945 Japón no había perdido nunca una guerra. Hay que tratar de imaginar la vergüenza colectiva que envolvía entonces al país entero mientras veía cómo se aproximaba la derrota. En ese contexto, los pilotos kamikazes se lanzaban contra los barcos enemigos no por fanatismo, sino para evitar el rechazo social que habría supuesto su negativa a hacerlo. Un rechazo del que podían ser víctimas también sus familias. Hay que intentar situarse en aquel ambiente para entender todo esto.
      Y para acabar, en marzo de 1945 los militares japoneses habían contado a los civiles de Okinawa que los estadounidenses violarían a sus mujeres y los torturarían y asesinarían a todos. Eso hizo que muchos de ellos se suicidaran o se mataran entre sí. Fueron pues inducidos o incluso obligados a suicidarse. Aquí una noticia al respecto de hace seis años:

      http://www.lanacion.com.ar/952687-los-suicidios-obligados-de-okinawa

      El escultor nipón Minoru Kinjo recreó estos suicidios obligados de civiles en un enorme relieve que se inauguró en Okinawa hace también seis años:

      http://www.japanfocus.org/data/1.kinjominorurelief.shuji+.jpg

      Eliminar
    2. Al final la guerra es en si lo que hace quedar mal ante la sociedad moderna sin fanatismos, nunca quedas bien con todos, en este caso el que parece ser el malo es el que lanzo las bombas y los otros son buenos, la guerra no es nada divertido, pero criticar como lo hacen muchos solo señalando un lado da lugar a nacer un odio ajeno. la cultura oriental es muy dificil de aceptar con sus fanatismos, en cierto modo son estremistas, suicidas y llenos de odio. que se podia esperar?? sienpre hay un final y el ganador es el malo para la historia. respecto al autor??? solo ve un lado. muchos Japoneses aceptan esa derrota y no necesitan la opinion de nadie para concluir, ellos prefieren morir con honor, es muy duro pensar que le hicieron un favor, pero es triste, la cultura y la guerra siempre seran ETERNOS ENEMIGOS juzgados por una sociedad criticona y pasmada ajena a sus voluntades,

      Eliminar
    3. Creo que no he entendido muy bien lo que has querido decir, Anónimo. En lo que a mí respecta, no veo "buenos" en toda esta historia, sólo víctimas y verdugos. En ambos bandos.

      Eliminar
  4. muy bueno el articulo, solo una cosa; en el lexico japones la palabra rendicion no existe, por lo tanto no tenian asimilada mentalmente esta posibilidad, por lo tanto la guerra iba a ser total

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias. Pero la guerra ya fue total desde el momento en que se movilizaron todos los recursos para la misma y los civiles se convirtieron en un objetivo prioritario. Y los japoneses sí se habrían rendido en 1945. No lo digo yo, lo dijeron los propios expertos estadounidenses ya en 1946, insisto.

      Eliminar
    2. ojo por ojo, lo de Japón traición lo de EEUU venganza, una locura que termino con la guerra, que fue una atrocidad

      Eliminar
  5. Ese presidente, los que crearon esa bomba con tal fin y los que oprimieron el boton para lanzarla deben estar ardiendo en la paila mas ardiente del infierno, cuanta gente inocente murio y de la manera mas horrorosa.
    Pero arriba esta el que para abajo mira y no pasa nada por alto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. POR FAVOR NO PASA NADA POR ALTO Y NO HIZO NADA PARA EVITAR QUE LANZARAN LAS BOMBAS ES COMO SI UN POLICIA VE QUE TE ESTAN APUÑALANDO NO HACE NADA YA DESPUES QUE TE MATARON AGARRA AL DELINCUENTE Y LO METE A LA CARCEL. DE QUE SIRVE ESO PARA MI TU "DIOS" ES INEFICIENTE

      Eliminar
  6. como puedes decir eso, no ves que los tiempos de hacer justicia siempre llegan, todo a su debido momento...todo pasarà mas su justicia siempre llegarà. sdos

    ResponderEliminar